realitat

JULIÁN GRIMAU ENS DÓNA UNA LLIÇÓ


Julián Grimau era un personatge que, per les seves tasques, havia de passar desapercebut. Era conegut per un mínim de persones imprescindible i aquesta característica la deixa clara Alfonso Sastre en el seu poema
Yo no sabía que te llamabas Julián Grimau

Tú ya no puedes acordarte
te han matado
hijos de puta Dios mío te han matado!
No puedes acordarte de mí pero sabías
que fuimos juntos en el autobús después de la reunión
y era la crisis del Caribe
y llevabas una cartera grande
y eras modestamente heroico
hombre sin gestos eras
y el color de la calle era tu gris
y un fuego rojo oculto ardía en la mitad de tu corazón
y ahora te digo lo que sé Julián Grimau
y es que ese rojo fuego nuestro no se apaga.

Fernado López Agudín signa un article en la revista Triunfo el dia 28 d’abril de 1979: Abril, 1963. El asesinato de Julián Grimau. Han passat setze anys, ha mort Franco, i sembla que ja es pot escriure de segons quins temes. Així, ens assabentem de que hi va haver un traïdor i que aquest tenia un nom. Llegim a López Agudín: “A las cuatro de la tarde del 7 de noviembre de 1962, en la glorieta de Becerra, un comunista entrega a otro. Lara, militante del PCE que había sido detenido días antes, se presta a facilitar la detención de Grimau, acudiendo a una cita concertada de antemano que por su delación se ha transformado en un verdadero cepo.”

Alfonso Sastre ─signant com Antón Salamanca a España hoy─ escriu el sonet

La ventana indiscreta
    (Julián Grimau)

¡Otra vez esas radios extranjeras
vomitan contra España su veneno!
Salimos ahora al paso de ese trueno
explicando las cosas verdaderas.

No ha habido tal señor defenestrado
ni se empleó en su trato la tortura.
Tratósele con tacto y con dulzura.
Se le invitó a pasar a lo vedado.

Saludósele allí con cortesía.
Preguntósele por sus actividades
de manera correcta y muy humana.

Díjonos su opinión de la amnistía.
Dijímosle después nuestras verdades
y arrojóse sin más por la ventana.

Sempre he pensat que la millor manera de recordar Julián Grimau és a través de les paraules dels poetes que sentien la pèrdua com a molt propera. I sense oblidar les veus de Chicho Sánchez Ferlosio o Tapio Heinonen (Julián Grimau, hermano), Violeta Parra (Qué dirá el Santo Padre) o Quilapayún (Con el alma llena de banderas) i molts més.



A Julián Grimau, assassinado em Espanha, en 1963, pelo regime franquista

A morte
foi um esgar
tão evidente
nos seus lábios de dor
nesse dia
as flores traídas
foram un poema
de violência

e a revolta
um grito
quedo na palidez
das espadas homicidas

amanhã
o silêncio
será longo
e irrecusável

Manoel Tavares Rodrigues-Leal, 1966
(el poeta tenia 24 quan va escriure, a Lisboa, aquest poema)

I aquí, a la penúltima estrofa del poema, l’exiliat a Mèxic Juan Rejano, recull  la llicó de Julián Grimau, difícil d’aprendre i més de portar a la pràctica:

“Seguid, unid las manos, destronad a la bestia”.

 EN LA MUERTE DE JULIÁN GRIMAU
                            (1963)

ELEGÍA ROTA PARA UN HIMNO

Volvió el cubil a crepitar serpientes
del rencor, lobos
del odio,
un trueno de uñas lívidas, un río
de alimañas hirvientes,
plomos, ácidos,
espadas purulentas
brotando,
desatándose,
cayendo
sobre dos brazos rotos y una frente
partida.

Llegaba roja el alba,
abril tenía
los tallos de esmeralda
ensangrentados.
                           Lenguas,
lágrimas,
campanas desoladas a lo lejos
sonaron, un idioma
de congoja
y clamor iba subiendo,
como si le arrancaran a un planeta,
de cuajo,
las entrañas.

Entonces fue.
                        Gritó la voz enana,
enloquecida voz, la voz
hedionda,
aulló, gritó, ordenó
sádicamente la ración de crimen
dispuesta para el día
y luego se sentó sobre la Cruz,
sobre la cruz de Roma.
                                     Entonces
fue. El miedo le subía
por los oscuros fondos del instinto.

Pero aquella mirada
frente a las negras bocas
ya humeantes,
aquel torrente quieto
de dulzuras
que el fuego quiso devorar,
aquella
sangre erguida delante del abismo
se alzó sobre la muerte
y ahora vuela,
s e esparce, por la noche
del mundo como un astro. Como un astro
cercano
que podemos tocar desde la tierra.

Mírame, hermano, sol, espejo
de las vidas, oh sí, mírame,
lléname
de tu luz, álzame
en ella,
tu luz que ya convoca
los distantes insomnios, pone olvido
en las viejas heridas,
nos conduce
hasta el fin.
                     Mírame, entrégame
tu tranquila energía, tu centella
de paz.
no te han vencido,
amigo, compañero de la rama
vencida, lazarillo
del más hermoso sueño, no
te han vencido, perduras, ahora estás
entre las cumbres y no obstante,
caminas con nosotros,
te rodean
los brazos que te aman,
siembras,
fundas
los nidos del futuro.

Huya el dolor
a su frontera.Empieza
a amanecer. Yo canto, yo te canto,
de pie sobre mis lágrimas,
con la misma esperanza que tu rostro
tenía
cuando, abrazado a tu estatura
inmensa,
a tu impàvida rosa,
ibas naciendo,
como una brisa inmemorial al día
que no acaba, que nunca
acabarà.

Dijiste al hacha fratricida
“Este
será tu último golpe”, y luego
a los que te escuchaban
con dolorido estupor: “Seguid, unid
las manos, destronad
a la bestia”.
                     Cuando suena
a orilla de las sombras una música
tan pura y verdadera,
es que del muro
martirizado una diadema está
brotando, una diadema
inagotable
como la sed del tiempo, como el ala
del mar.

Puedes brillar tranquilo,
tú lo sabes.
Estamos hechos para la tormenta,
para el beso creador
estamos hechos.
A tu fulgor marchamos. Ya ha crecido,
al borde de tu sombra arbustos
jóvenes.
Ellos te llevan en los labios.
                                             Vamos
contigo a defender la primavera,
contigo
a levantar la nueva casa.










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