realitat

LUIS BUÑUEL I LA "ORDEN DE TOLEDO"


El 22 de febrer fa 120 anys del naixement de Luis Buñuel. Es difícil oblidar-se d’ell i no únicament per la seva filmografia. És ja mítica la seva fotografia a la “tamborrada” de Calanda, on havia nascut. O la fotografia amb Federico García Lorca a l’avioneta de la fira. O la seva amistat incombustible amb el poeta i Salvador Dalí a la Residencia de Estudiantes.
A la recent pel·lícula d’animació Buñuel en el laberinto de las tortugas, uns espectadors, a la sortida de la presentació a París de Le chien andalou li pregunten, més o menys, com es diferencien les idees seves de les d’en Dalí. La seva resposta airada: És molt fàcil. Totes són meves.
Però aquestes reaccionss no poden fer oblidar la seva part festiva, “gamberra”... El dia de Sant Josep de 1923, Buñuel va fundar l’Ordre de Toledo de la que es va nomenar Condestable. A les seves memòries ─mi último suspiro─ explica l’estructura que tenia: secretari (pepín Bello), fundadors (els germans Lorca, Pedro Garfias i quatre més), cavallers (la seva dona, Dalí –que seria degradat-, Alberti, María Teresa León, René Crével i alguns més), escuders (Georges Sadoul, el pintor Ortiz i d’altres), cap del convidat dels escuders (José Moreno Villa), convidats dels escuders (eren quatre) i convidats dels convidats dels escuders (Juan Vicens, Marcelino Pascua).
Recorda Buñuel que per arribar a ser cavaller calia estimar Toledo “sin reserva, emborracharse por lo menos durante toda una noche y vagar por las calles. Los que preferían acostarse temprano no podían optar más que al título de escudero. De los “invitados” y de los invitados de los invitados” ya ni hablo”.

Escriu Rafael Alberti a La arboleda perdida: “Aquella noche de mi iniciación en los secretos de la orden,salimos a la calle, llevando todos los hermanos, menos yo, ocultas bajo la chaqueta, las sábanas de dormir, sacadas con sigilo de las camas de nuestros cuartos.. Luis Buñuel actuaría de cofrade mayor.El acto poético y misterioso preparado para la madrugada, iba a consistir en hacer revivir toda una teoría de fantasmas por el atrio y la plaza de Santo Domingo el Real...
Alberti acabarà perdut pels carrerons de Toledo però sense mostres de preocupació:
“Así que me eché a caminar por la primera callejuela ─muy contento, por otra parte, de mi falta de brújula─, decidido a dejarme perder hasta el alba. Andar por Toledo, y en la oscuridad de una noche sin luna como aquélla, es adelgazarse, afinarse hasta quedar convertido en un perfil, una làmina humana, dispuesta a herirse todavía, a cortarse contra los quicios de tan extraña resquebrajadura...”

Recorda Alberti una conversa, breu, amb Buñuel a Madrid:

“Luis Buñuel,
cuando viene a Madrid,
vive siempre en el piso
número 26 de esa pálida torre.
Desde aquí puedo verlo.
Qué bruto y genial es,
lo mismo que aquel viejo inmortal sordo
que se metía en la cama
con la joven duquesa
sin sacarse ni el barro de las botas.
Luis: te irás al infierno, en el que crees,
y ni siquiera Dios tendrá influencia
como para salvarte.

Sí, desde mi también alta casa de la calle de la Princesa puedo mirar la Torre de Madrid, aquella en cuyo piso 26 Luis Buñuel me recibió una vez, en los días en que le escribí ese pequeño y diverido poema.
   ─Ven, por favor, tú solo, sin nadie. No puedo soportar más de dos voces ─me suplicó por teléfono.
   ¿Cuánto tiempo que no le veía? ¿Desde París, después de la Guerra Mundial, en el hotel L’Aiglon? ¿Desde antes, en la Alianza de Intelectuales Antifascistas de Madrid, al mes siguiente de la insurrección militat’
   ─De todos modos, Luis ─le dije no más abrirme él mismo la puerta─ vengo a saludarte, a darte un gran abrazo, únicamente como antiguo hermano de la Orden de Toledo.
   ─Aunque tú ni María Teresa érais hermanos fundadores─ me atajó, precisando, con una muy peculiar cadencia aragonesa─, pues no fuisteis admitidos hasta algo más tarde... Fundadores eran Garcí Lorca, Salvador Dalí, Pepe Moreno Villa, Ernestina González, no vosotros.
   ─Lo sé, lo sé. No lo he olvidado.
   ─Y bien pudisteis dar las gracias a Dios ─continuó muy en serio─, pues fuisteis aceptados en la Orden sin pasar por el graso de aprendiz de escudero, que también había...
   ─Como también había ─seguí yo─ invitado de invitado de escudero...
   ─Y hasta grados mucho más menores... ¡Qué bien te acuerdas!

També li recorda un breu poema que había publicat a la revista Horizonte:

Violines, señoritas cursis de la orquesta.”
Moreno Villa (Cap del convidat dels escuders) plasma a la perfecció l’essència de La Orden:
No iban buscando en Toledo los detalles de los turistas, sino experiencias fuera de las guías. (…) Cenaban y bebían sin continencia y se lanzaban luego al laberinto de las callejuelas que desde luego estaban menos alumbradas que ellos. Hacían mofa de las cosas consagradas, pero besaban las piedras, porque habían sido pisadas por generaciones y razas entre las cuales sobresalían nombres inolvidables. Buscaban sitios de miedo, caminaban esperando la sorpresa.

 En 1947 va descriure en un article publicat a Mèxic que va ser per ell l’Orden de Toledo.
“Durante los primeros terribles meses de la revolución española del 36, unos sujetos, insujetos, se presentaron a registrar la casa de L.B., muchacho “alacre” y ajeno a las contiendas políticas. Entre sus papeles encontraron los visitantes uno que parecía de pergamino, cuidadosamente enrollado y atado con una cinta de seda. Lo abrieron, y, apenas iniciada la lectura, exclamaron: “Y esto... ¿qué es? Un cuadro de una Orden... y tú en ella. ¡Echa pa’lante! ¡Vámonos!”
El muchacho, ─que ya no lo era tanto, pues tendría sus 35─ se explicoteó como pudo, medio riendo, medioprotestando: “Pero, hombre,... qué disparate... Si esta no es una Orden nobiliaria... No está en el Gotha ni en ninguna Guía Oficial de la nobleza... Es cosa o invención de literatos amigos de Toledo. Pueden ustedes preguntar por teléfono a la Alianza de intelectuales. En ella figuran García Lorca y Alberti. Además, este papel que parece de pergamino es de envolver pitillos, y lo decoré yo”.
Los insujetos, como hombres ajenos a las letras y mucho más a la ironía de crear Ordenes, dudaron, desconfiaron un buen rato, pero, al fin se fueron sin llevarse por delante al “caballero” de la Orden de Toledo.”









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