realitat


Des del 2016 (divendres, 25 de novembre), cada any aquest dia, el meu pensament viatja a La Habana i reviu el que, en persona, va fer aquell i els dies que van seguir a la mort de Fidel Castro Ruz. Mentre, en aquest vol somiat, aprofito per rellegir la premsa cubana d’aquells dies i altres articles que li van dedicar aquí a Europa.
Jean Ortiz “Sempre un puny aixecat i una mà estesa” escriu a L’Humanité: “Ploro. Per a mesurar la dimensió d’un personatge, cal contextualitzar-lo. Cuba és una petita illa; no és pas un tros de l’ex imperi soviètic que s’entesta a sobreviure sota els tròpics. (...) Fidel és l’alliberador, l’emancipador, el federador, ell ha permès l’afirmació d’una nació. El castrisme neix d’una reivindicació d’independència nacional; la Revolució ha estat el fruit d’una història nacional. Fidel ha d’alguna manera, inventat Cuba.”  


A Juventud Rebelde (dissabte, 26 de novembre de 2016) a la pàgina 3 trobem al repentista ─ara director de El caimán barbudo─ Yoerky Sánchez Cuellar

                                   Y sigues tu largo viaje...

                        1.
Ha muerto Fidel. ¿Qué escribo?
Me dicen que el Jefe ha muerto,
que no es un rumor, que es cierto...
pero yo no lo concibo.
Me dicen que no está vivo,
me informan de su partida;
pero no es verdad la ida
cuando se queda un sostén,
cuando se ha cumplido bien
con la obra de la vida.
2.
Qué soñador no te abraza
si soñar en ti fue innato.
¿Quién no guarda tu retrato
en un lugar de la casa?
¡Cuánto valor y coraza!
¡Cuánta ética vibrante!
¡Cuánta pasión, cuánta lucha!
Y solo un grito se escucha:
Hasta siempre, Comandante.
3.
Prefiero pensar, Fidel,
que sigues tu largo viaje
con el verdeolivo traje
como el mismo día aquel
que con una tropa fiel
desafiando la corriente
impulsaste el Granma al frente...
                        i al escuchar a Raúl,
sé que en otro mar azul
navegas eternamente.

I a tota la darrera pàgina, amb una gran foto d’Elliott Ewitt, Enrique Milanés León escriu el seu

Retrato amado

Se busca un hombre, va amado y no está solo, dispuesto a dar batalla.
Miremos bien: es el discípulo antorcha que con el puño alumbra, pasado un ventenario y en camino de otro, la andadura serena de su Apóstol tan nuestro.
Un jefe que empezó en el Moncada a liberar el país con balas que a la larga se convirtieron en lápices para escribir el bien.
Tiene estampa de yate y aprendió muy temprano a traspasar con otros las encrespadas olas de la Historia que hacemos.
Sus dedos parecen picos de una Sierra que oscila entre sus manos coronadas de nubes. Cuando va de pelea,
Los adversarios tiemblan: porta en la diestra un poderoso índice que barre las mentiras y ha marcado la altura de nuestra dignidad.
Ahí reside, en la raíz de Cuba, el hombre cuartilla, farol en sí mismo, que asumió que llegar a la Z era solo el comienzo de lo que todos los suyos debíamos saber.
El país está lleno de su imagen: soldado de innata mira telescópica ─que a la inversa de lo que suele creerse─ le dio puntería a su fusil. Mil batallas después, es aún el terror de mercenarios.
No es otro que el que llegó y mandó a parar lo que había que parar.
Y lo mantuvo a raya.
El que nos devolvió una Isla de la que apenas nos quedaban cayos.
El que chapeó con leyes y con actos la mala hierba de los terratenientes y le entregó la tierra a los campesinos.
Con él se juntaron otra vez industrias e ingenio popular y los “míster” tuvieron ─como en los muñequitos─ que llevarse el central para su casa.
Es la aguja que, con punto mambí, teje la unidad y hace irrompible un lienzo de plena cubanía. Y en el ovillo patriótico ha resultado hilo, mitad de barba recia, mitad de caguairán.
El paladín que, guiando a su Patria, llegó hasta la humanidad y conquistó en ella, a fuerza de una oratoria de ejemplo, un sitio para los pobres del mundo.
Para celebrarlo y celebrarnos, se busca al hombre ciclón que jamás temió a los temporales, al torbellino de bien que gira en esta tierra a una sola, una misma Revolución por un minuto ─que ya dura, de Céspedes a él, 148 años─, siempre a favor de las manecillas de los humildes.
Se sigue al líder árbol, al tronco de 90 nudos que orbitan el agosto del año 1926.
Hay alta recompensa: quien le ve, quien le escucha, aprecia los anclajes de esta isla inmune a los vaicenes. Quien va a su lado halla un camino seguro al mejor horizonte con una brújula llamada simplemente Fidel.
                                                                       Publicado en JR el 13 de agosto de 2016.



El 27 de desembre del 1933 va néixer el gran poeta comunista Carlos Álvarez ─al que li dedicaré la meva atenció─. Ho dic perquè ─al poc del triomf de la Revolució─li va enviar aquest

MENSAJE A FIDEL CASTRO

FUE UN DÍA como todos.
El sol quizá más fuerte. Acaso el viento
quiso más libertad. Acaso fuera
más fraternal el beso de las playas,
mayor la reciedumbre de los hombres,
y acaso fue también menos esclavo
de la rima el impulso
que renació en el pecho de los ríos.
Las gaviotas supieron sin embargo,
cuando en la noche se durmió el silencio
adormecido
por el canto sin voz de la metralla,
que al otro lado
del fuego y de la muerte, tras la puerta
todavía cerrada del invierno,
se encontraban el trigo y la manzana,
la canción y la lluvia,
la paz de los hermanos, el mañana
cargado de promesas:
cuarteles convertidos en escuelas,
burdeles en talleres,
barrizales en tierra desbordada
fecunda de aire libre, labrantíos
donde creció la zarza y la injusticia,
un faro
que alumbrara las costas del Caribe
en medio de la noche americana.
Martí también lo supo: en cada frase
con que sembró de Cuba
la tierra removida, el pecho al aire,
en cada frase estaban
─futuro hecho presente─
tu palabra y tu esfuerzo, Fidel Castro:
la métrica y el canto en que rimaste
la voluntad de Cuba y la conciencia
y el despertar de Cuba.
No todo fue risueño sin embargo:
en Wall Street no fue bien recibida
la brisa de la sierra
que forjó el huracán de las Antillas;
la paz del Vaticano
se quebró de improviso, y el teléfono
anunció a los mercados de valores
de América y Europa
que quizá las acciones de la I.C.S.A.
bajaran dos enteros; las plegarias
besaron las baldosas de los templos,
y el Papa se mostró muy preocupado
por el Reino de Dios sobre la Tierra,
y, sin embargo,
Jesús de Nazaret el carpintero
se echó el fusil al hombro,
y fue a Sierra Maestra con los tuyos
para poner su brazo y su martillo
al servicio de Cuba, de la tierra,
del amor y del hombre renacidos...
para afianzar su pecho en las trincheras,
para donar su sangre a tus heridos,
para cantar tu nombre en el combate,
Fidel...
el nombre que hoy asoma
a la sonrisa alegre de los niños,
cuando escuchan tu voz que les ofrece
la libertad que nace
de la mirada abierta,
de la cultura,
de la palabra amor,
del abrazo de todos los hermanos,
de tu paso en la tierra, Fidel Castro.

...A cada amanecida;
cuando el sudor cubano descansado
abraza el campesino su herramienta;
en el momento mismo
en el que en Panamá, o en Venezuela,
o donde el Marañón muerde la selva
salpicada de caucho,
la tierra americana
se agrieta al contemplar contra su cielo
la bandera de estrellas y barrotes,
oculto en cada pecho,
clavado en cada esfuerzo,
vertiendo su frescor en cada labio,
apretando de cólera los puños,
tu nombre se hace grito, Fidel Castro!

Tambié este pedazo
de la tierra prohibida, que despierta
de su embriaguez de fútbol mariano,
contempla los perfiles
de tu Sierra Maestra, y analiza
la altura y el tamaño
del Canigó, de Urbión. del Guadarrama...
el vaso desbordado
de su propio sudor sin perspectivas,
y aprende la lección de los hermanos
que han renunciado al látigo y al sueño
allí donde la tierra y donde el viento
se llaman Fidel Castro.

                                                                  






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