realitat
Quan pensem en Llatinoamèrica, no podem evitar recordar Las venas abiertas de América Latina i, per extensió, en el seu autor Eduardo Galeano i en la resta de la seva obra.
I com és molt fàcil parlar de Galeano, ara que aquests dies es compleix el 4t. aniversari de la seva mort, vull recordar-lo en un dels aspectes més populars en la nostra societat: el futbol. Un esport heroic al seu país, Uruguai, que el va a portar a escriure un llibre sobre ell: El fútbol a sol y a sombra, Siglo XXI de España Editores, 1995. La seva dedicatòria , humil, ja és una declaració d’intencions.
Las páginas que siguen están dedicadas a aquellos niños que una vez,
hace años, se cruzaron conmigo en Calella de la Costa. Venían de jugar
al fútbol, y cantaban:
Ganamos, perdimos,
igual nos divertimos.

Així comença i així acaba:
“Homenaje al fútbol, celebración de sus luces, denuncia de sus sombras. No sé si él es lo que ha querido ser, pero sé que ha crecido dentro de mí y ha llegado a su última pàgina y ahora, ya nacido, se ofrece a ustedes. Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al final del partido.”


I entre aquestes 244 pàgines, un seguit de petites joies que, com anuncia el títol i remarca al final, mostren la seva gran passió per un esport en el que no tot és llum i claredat. Crec que és molt il·lustrativa la Confesión del autor:
“Como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba nuy bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país.
Como hincha, también dejaba mucho que desear. Juan Alberto Schiaffino y Julio César Abbadie jugaban en Peñarol, el cuadro enemigo. Como buen hincha de Nacional, yo hacía todo lo posible por odiarlos. Pero el Pepe Schiaffino, con sus pases magistrales, armaba el juego de su equipo como si estuviera viendo la cancha desde lo más alto de la torre del estadio, y el Pardo Abbadie deslizaba la pelota sobre la línea blanca de la orilla y corría con botas de siete leguas, hamacándose sin rozar la pelota ni tocar a los rivales: yo no tenía más remedio que admirarlos, y hasta me daban ganas de aplaudirlos.
Han pasado los años, y a la larga he terminado por asumir mi identidad: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico:
─Una linda jugadita, por amor de Dios.
Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.”

De la mateixa manera, jo demanava una frase, un relat curt, una novel·la,... de l’Eduardo Galeano sense tenir en compte les circumstàncies en les que es produïen.
Com recordo les seves intervencions, a la plaça de Catalunya amb motiu de l’acampada del 15M i quatre anys abans de morir! I és que hi ha tantes semblances entre el futbol i la vida quotidiana...
El gol olímpico

“Cuando la selección uruguaya regresó de la Olimpíada del 24, los argentinos le ofrecieron un partido de festejo. El partido se jugó en Buenos Aires. Uruguay perdió por un gol.
El puntero izquierdo Cesáreo Onzari fue el autor de ese gol de la victoria. Lanzó un tiro de esquina y la pelota se metió en el arco sin que nadie la tocara. Era la primera vez en la historia del fútbol que se hacía un gol así. Los uruguayos se quedaron mudos. Cuando consiguieron hablar, protestaron. Según ellos, el arquero Mazali había sido empujado mientras la pelota venía en el aire. El árbitro no les hizo caso. Y entonces mascullaron que Onzari no había tenido la intención de disparar a puerta, y que el gol había sido cosa del viento-
Por homenaje o ironía, aquella rareza se llamó gol olímpico. Y todavía se llama así, las pocas veces que ocurre. Onzari pasó todo el resto de su vida jurando que no había sido casualidad. Y aunque han transcurrido muchos años, la desconfianza continúa: cada vez que un tiro de esquina sacude la red sin intermediarios, el público celebra el gol con una ovación, pero no se lo cree.”

Joan Barril parla amb ell al maig de 2011. Li acaben de guardonar amb el Premio Internacional de Periodismo en la seva vesant esportiva ─Premis Manuel Vázquez Montalbán, un altre gran afeccionat al futbol─ i està cansat perquè, després dels actes protocol·laris, ha decidit anar a donar un tomb per Barcelona. I quin millor lloc que la Plaça de Catalunya? Allà, amb els acampats, es troba entre els seus, els que lluiten per un món més just. “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.” Aquesta és la seva més gran passió. El futbol... està marcat.



LOS GENERALES Y EL FÚTBOL

“En pleno carnaval de la victoria del 70, el general Médici, dictador del Brasil, regaló dinero a los jugadores, posó para los fotógrafos con el trofeo en las manos y hasta cabeceó una pelota ante las cámaras. La marcha compuesta para la selección, Pra frente Brasil, se convirtió en la música oficial del gobierno, mientras la imagen de Pelé volando sobre la hierba ilustraba, en la televisión, los avisos que proclamaban: Ya nadie detiene al Brasil. Cuando Argentina ganó el mundial del 78, el general Videla utilizó con idénticos propósitos la imagen de Kempes imparable como un huracán.
El fútbol es la patria, el poder es el fútbol: Yo soy la patria, decían esas dictaduras militares.
Mientras tanto, el general Pinochet, mandamás de Chile, se hizo presidente del club Colo-Colo, el más popular del país, y el general García Meza, que se había apoderado de Bolivia, se hizo presidente del Wilstermann, un club con hinchada numerosa y fervorosa.
El fútbol es el pueblo, el poder es el pueblo. Yo soy el pueblo, decían esas dictaduras miitares.”



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