realitat

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


Machado por Vázquez de Sola

Antonio Machado, en un llunyà 1912, escrivia aquesta darrera estrofa de Retrato (Campos de Castilla), potser ja preveient el que es trobaria als inicis de 1939 ─o millor, en qualsevol moment de la seva vida─.
El Govern de la República havia deixat en mans de Corpus Barga la cura de Machado i la seva mare. Aquell, portant en braços a Ana Ruiz, que ja no podia caminar, els deixava a casa de Madame Quintana, a Colliure. Allà, el 22 de febrer, moria.
El seu germà José, a la butxaca de la gavardina va trobar el que podria ser el seu darrer vers: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

I nosaltres repetirem el viatge a Colliure. No caldrà esperar que sigui 22 de febrer, a no ser que vulguem envoltar-lo d’uns aires especials. Cada dia podem anar. De fet, estem allà cada cop que recordem al poeta. Alguns cops gràcies a l’ajut de Serrat o Paco Ibáñez.
No caldrà repetir els viatges dels poetes que van començar l’any 1959 ( Blas de Otero, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Alfonso Costafreda, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald i José Ángel Valente).
De viatges posteriors, recullo l’homenatge del granadí Luis García Montero:

Colliure

Un rincón en el mundo
detrás de una frontera,
o detrás de los años y los amaneceres
con la esquina doblada
como la pàgina de un libro,
o detrás de las curvas de una guerra.

Se conmueve el camino a la orilla del mar.
Parece un látigo en el aire
de febrero lluvioso.
Cuando baja del coche,
Ángel González duda,
pone sus pies heridos en la historia
y sube muy despacio,
entre muros franceses
y casas repintadas
con el azul de los veranos,
hasta llegar al cementerio.

Lo que nos trae aquí,
no es el sol de la infancia.

Los lugares sagrados nos permiten vivir
una historia de todos en primera persona.
Las flores de la tumba de Machado
imitan el color de una bandera,
sagrada por mandato
de mi melancolía.

Aquello que perdimos una vez,
y el frío de las manos, la palabra en el tiempo,
el dolor de las vidas que se cortan
en el cristal de los destinos rotos,
descansa hoy, casi desnudo,
en una tumba de poeta.

¿Cuándo llegamos a Sevilla?,
preguntaba su madre al entrar en Colliure.

Qué difícil la suerte
de los pueblos que viven protegidos
por la misericordia de un poema.
Qué difícil la última
soledad de Machado.

La luna llega al mar,
el mar llega a Sevilla,
nosotros a un recuerdo
y a esta pálida,
desarmada emoción
de compartir una derrota.

Llegeixo de forma distreta:
“Si camináis a un remoto santuario, y hacéis larga romería, mientras más larga, mejor; no os paréis a ahuyentar los canes que os ladren, porque no llegaréis nunca. Decid con el poeta: ¿nos ladran?, señal de que caminamos; y seguid andando.
Aprended a distinguir los valores falsos de los verdaderos y el mérito real de las personas bajo toda suerte de disfraces. Un hombre mal vestido, pobre y desdeñado, puede ser un sabio , un héroe, un santo; el birrete de un doctor puede cubrir el cráneo de un imbécil”.




Antonio Machado, avui mateix no desentonaria dels ensenyants actuals. Només hauríem de seguir el seu Juan de Mairena: “Un pare de família es queixa de la poca seriositat de l’examen que ha representat un suspens al seu fill. ─¿Le basta ver a un niño para suspenderlo? Mairena contesta: ─Me basta con ver a su padre”

I acabo:

...conmigo vais, mi corazón os lleva!


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