realitat

JOSÉ MARÍA VALVERDE, EL CAMARADA

Algun cop, a la vida, coneixes persones que et deixen imprès un record que, amb el pas del temps, es fa inesborrable. I, amb el mateix pas del temps es converteix en una arrel que ens lliga més i més a la terra. No és que hi hagi una gran quantitat d’aquestes persones però, com es diu habitualment, prima la qualitat i omple grans extensions.

Vaig conèixer José María Valverde un dia de Sant Jordi a les Rambles a la paradeta del Partit. No vam parlar gaire temps però va ser suficient.. Un altre moment de contacte el vam tenir amb la seva presència a les llistes del Partit al Parlament. En una entrevista a Mundo Obrero, febrer del 1996, deia:
“Soy muy amigo de los del PCC. No estoy inscrito en el partido, pero apoyo todas las iniciativas que ellos me proponen. Fui candidato, como independiente, al Parlament en sus listas en las penúltima selecciones. Fue horrible porque no obtuvimos ningún diputado”. Poc després, amb la seva mort, el 6 de juny del mateix any, va estar sempre present a les meves ARRELS.
Ara el segueixo recordant quan, el 26 de gener, faria els 83 anys.

I va voler l’atzar que, amb el pas del temps, passés per Barcelona un professor de la Universitat de Saragossa ─Juan Carlos Pueo es diu─ que, interessat pel l’obra de José María Valverde demanés poder consultar les col·laboracions del nostre poeta a l’Avant, doncs li eren necessàries per a un llibre que estava escrivint. El vaig acompanyar a l’arxiu i el resultat de la busca va aparèixer a Los usos de las palabra. El pensamiento literario de José María Valverde, Vigo, 2011.
D’ell trec l’anècdota següent: En una situació familiar difícil econòmicament, Valverde va demanar una beca March per a traduir en vers el teatre de Shakespeare. El concurs el va guanyar un altre traductor amb el projecte de... traduir a l’alemany la poesia de Valverde.
I que bé va rellegir llibres que teníem ja relegats al prestatge de la biblioteca, oblidats per l’acumulació de lectures noves. Torno al llibre de Pueo i quan aquest recorda Guillermo de Humboldt y la filosofía del lenguaje, inclou en el seu record uns versos del poemari Versos del domingo (1954), Salmo dominical ante el verano (vv. 1-13), que no puc evitar reproduir:

Esta mañana dije “verde”, “cielo”, y me sentí ahogado de realidad; me detuve
a decir si el agua merecería el nombre de “blanco” o el de “gris-plata”,
y medité cuidadosamente sobre el lago, al fondo de un anillo de bosque, en su monte,
con un poco de nube en el crepúsculo, y los minúsculos nadadores;
y al estipular las palabras justas, como si girara una llave, se me vino encima
la inundación de las llanuras con rectas de labor, rebaños de montañas, con meticulosa
población de árboles,
muchos veranos de mundo a punto, olorosos kilómetros, vientos de mar a mar, caminos
de planeta.
Esta mañana dije “vino”, “piedras”, y salí entre los niños de comunión, recién cortado el
pelo,
y me senté en la plaza a discernir los adjetivos exactos a las calidades de las cosas,
aplicando esforzadamente el oído a las risas y al asmático dialecto del hombretón,
con su ligero jersey pálido y sus arrugados pantalones de elefante, viendo pasar
mañana,
y al irlo a nombrar todo, sentí que me invadían campos de humanidad,
mares de tumulto y lenguaje, horizontes de familias festivas, ríos de obreros en
bicicleta.

I els versos, en una relació lògica, em porten a una cita que trobo més endavant i que es pot aplicar als temps actuals:
“...Humboldt se mantiene fiel a las tesis de Herder de que son las lenguas las que marcan las diferencias entre nacionalidades, legitimándolas”.

La seva estreta relació amb Cuba es fa palesa en l’opinió de Cintio Vitier que considera Años inciertos (1971) com: “el más arrasador acto de contrición de la poesía contemporánea en nuestra lengua”. Cintio Vitier, “Nuestro Valverde, Casa de las Américas, 208 (1997).
D’aquest llibre és “Toma de conciencia”:

Primero era un mandato de cruzada angélica
contra el hervor en marcha de puños en la calle:
entre un vago tufillo de iglesias incendiadas,
el miedo a que se hundiese el buen pasar modesto
nublaba a la familia en torno a la camilla.

Luego... mejor callar de la lucha civil,
el cadàver que sigue creciéndome en la espalda,
más mío cada vez, como muerto a mis manos.

Tras eso, años de hundirme en confuso vacío:
por un lado surgía el asco a los magnates,
mientras duraba el pánico a oír: ¡Ta están ahí!

Pero en medio de todo, dejando apocalipsis,
otra cosa apremiaba: el dolor silenciado
de la gente con hambre, del pisoteado pobre,
del injuriado oscuro, del invisible en mugre.

Eran las estadísticas crónicas de sudores,
en cada personaje resonaban gemidos,
y, al volver la mirada a la historia, los textos
de lisonjas heráldicas se borraban en llantos.

Por si no era bastante eso de ser poeta,
acechando en escucha la vida ajena y propia,
lo mismo que un espía, otra maldición vino
sobre mí: entre la charla bien educada, el té,
de pronto, me han mirado como a un perro rabioso.

Y aún más; tampoco puedo cambiar de apocalipsis:
a cada cual le peso su porción de maldades
y su poco de méritos, según se desvanece.
Seré traïdor para unos, blando para los otros,
abierto a un porvenir sin asiento ni gloria,
quizá colaborando, pero siempre mal visto,
progresista gruñón, mesurado extremista...

En lo de “amar al prójimo” entra este gris cansancio.


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