realitat

El 19 d’aquest mes fa 19 anys de la mort del gran dels Goytisolo, José Agustín, el poeta. En el cas que comento, les dades juguen, surten de l’amagatall, es fan visibles, es fan poesia. La seva vídua, Asunción Carandell, reconeix que José Agustín “no era un poeta alado, sublime, sino muy práctico”. Dels seus poemes es van compondre a prop de 80 cançons, el que pot ser un indici de la proximitat de la seva poesia a les preocupacions del carrer, lluny del garcilassisme de l’època.
   Llegim a l’irònic Los celestiales.

Es la hora, dijeron, de cantar los asuntos
maravillosamente insustanciales, es decir,
el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido
y componer hermosos versos, vacíos, sí, pero sonoros,
melodiosos como el laúd,
que adormezcan, que transfiguren,
que apacigüen los ánimos. ¡qué barbaridad!
[...]
Y el viento fue condecorado, y se habló
de marineros, de lluvia,de azahares,
y una vez más, la soledad y el campo, como antaño,
y el cauce tembloroso de los ríos.
y todas las grandes maravillas,
fueron, en suma, convocadas...




Però també, i com un home lligat al carrer, va ser objecte d’atenció de la censura. Manuel L. Abellán, a Censura y creación literaria en España (1939-1976), recull dues actuacions de la censura: en 1963 veu suprimit el seu poema “La guerra” a Antología del tema de España en la poesía española contemporánea, en una selecció de José Luis Cano. En 1967 se li denega la publicació de Algo sucede. Es deu suprimir “Algo sucede”, les darreres estrofes de “Nadie está solo”, “Meditaciones sobre el yesero”, “Sólo el silencio”, “Derecho al pataleo”, “Noticia a Carlos Drumont de Andrade”. 

NADIE ESTÁ SOLO

En este mismo instante
 
hay un hombre que sufre,
 
un hombre torturado
 
tan sólo por amar
 
la libertad. Ignoro
 
dónde vive, qué lengua
 
habla, de qué color
 
tiene la piel, cómo
 
se llama, pero
 
en este mismo instante,
 
cuando tus ojos leen
 
mi pequeño poema,
 
ese hombre existe, grita,
 
se puede oír su llanto
 
de animal acosado,
 
mientras muerde sus labios
 
para no denunciar
 
a los amigos. ¿Oyes?
 
Un hombre solo
 
grita maniatado, existe
 
en algún sitio. ¿He dicho solo?
 
¿No sientes, como yo,
 
el dolor de su cuerpo
 
repetido en el tuyo?
 
¿No te mana la sangre
 
bajo los golpes ciegos?
 
Nadie está solo. Ahora,
 
en este mismo instante,
 
también a ti y a mí
 
nos tienen maniatados.

MEDITACIÓN SOBRE EL YESERO
                                               Homilía al modo preconciliar pronunciada
                                               con motivo de iniciarse las obras para la
                                               construcción de un edificio.
Considerad hermanos
las pacientes virtudes
del yesero su libre
 esclavitud el suave
trajinar de sus manos
en el encañizado
firmes sus pies
sobre el tablón aquel
las  canciones alegres
del almuerzo el calor
la honesta mala leche
que le desborda el alma
cuando la regla indica
 la tenaz resistencia de
la arista y en fin
su vida repetida
 lunes a lunes bajo
la implacable mirada
del capataz las horas
y los metros cuadrados
confundiendo la sangre
y el destajo pensad
con ánimo contrito
cómo inicia el trabajo
saliendo de las últimas
paredes de la noche
y de qué modo cuida
la botella del vino
cómo cambia de ropa
con qué atención repasa
 los viejos utensilios
del oficio las reglas
 los cordeles  el balde
que bien mueve en el agua
 el blanco polvo fino
 y después cómo sube
hasta alcanzar los límites
 del techo revocado
mientras sus ojos miden
 la comba del cañizo
el enlucido tierno
las cornisas los ángulos.
Así progresa ahora
meditar la importancia
 de su oscuro trabajo
y observaréis que siempre
de recuadro en recuadro
la gaveta persigue
los pasos del yesero
y escucharéis los gritos
las canciones el viento
que sopla en los dinteles
y también por los patios
cómo suenan los golpes
de los picos y palas
mientras el yesero cubre
 los techos y tabiques
 con su máscara ciega
tal un traje de olvido.
Así es amigos míos
la vida del yesero
estas son las pequeñas
 virtudes que le asisten
y que hemos meditado
para entender tan sólo
la dimensión de un hombre
 que vive de su oficio
algo prosaico, es cierto
carente de grandeza
que no saldrá en los libros
de historia, por supuesto
 mas que sumada a otra
vida y a otra y a otra
nos da la simple suma
de  miles y millones
de hombres como este que
viven, odian, trabajan
 estudian y pasean
llenan los cines, aman,
mueren oscuramente
pero que son la fuerza
la única fuerza oídlo
que llegará algún día
 a edificar un mundo
 en libertad amén.



En moltes ocasions, per evitar l’acció de la censura, els símbols reflecteixen la situació del país. José Sánchez Reboredo a Palabras tachadas (Retórica contra censura), fa al·lusió a alguns dels que també fa ús José Agustín Goytisolo: “Los muros, las tapias, las murallas se convierten en la poesía española de posguerra en símbolo frecuente de la situación del país. Connotan la separación entre las gentes, el rencor y el odio. También la prisión, suprema expresión de la falta de libertad. Los símbolos anteriores (el aire libre, la luz de la libertad) chocan con esas paredes, rebotan en esta arquitectura siniestra qu erige tapias sin ventanas.”

YO INVOCO

Claridad, no te apartes
de mis ojos, no humilles
la razón que me alienta
a proseguir. Escucha,
detrás de mis palabras,
el grito de los hombres
que no pueden hablar.
Por sus golpes, por toda
la lucha que sostienen
contra el muro de sombra,
yo te pido: persiste
en tu fulgor, ilumina
mi vida, permanece
conmigo, claridad.

Carlos Barral, a Los años sin excusa, el considera “embajador de la poesía latinoamericana, en la que le había impuesto la convivencia con hispanos transoceánicos en los colegios mayores de Madrid.” Aspecte al que al·ludeix també José Maniel Caballero Bonald a La costumbre de vivir, reforçat per la seva presència a La Habana com a jurat del Premio Casa de las Américas.


Quiero ser gato
En esta casa llena de muchachas
yo quisiera ser gato diplomado
de plantilla de oficio estar atento,
y alzarme al percibir la voz de Marcia
frotar mi lomo contra su sillita
salir, cruzar pasillos ver a Ada
ronronear de gusto en un sofá
ante el aroma del café que bebe
grabar después maullidos para Chiqui
en una cinta que jamás funciona
saludar respetuoso, la presencia
de Haydée y solicitarle quedamente
-dando a mi cola un lento abaniqueo-
que me deje salir todas las noches
para ver a mi gata a mi mulata
y luego deslizarme hasta el dominio
de Silvia y sus ficheros ayudarla
a encontrar direcciones imposibles
y andar majestuoso hasta la tibia
biblioteca con Olga entre mil libros
limpiar el polvo y vigilar la sisa
de lectores hipócritas non frères
non semblables, en fin hacer las cosas
no integrado; sí intrigrado e intrigante
en esta casa llena de muchachas
y libros y canciones y trabajo
casa de las américas mi chica
que ya lo tiene todo menos gato.

José Agustín Goytisolo. Algo sucede (1968) 










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