realitat

120 ANYS DE BERTOLT BRECHT

Bertolt Brecht, quan el dia 10 de febrer es compleixen els 120 anys del seu naixement, és un d’aquells personatges que, apart dels seus escrits polítics els poemes o les obres de teatre, està sempre a mà per citar-lo. Moltes vegades de forma incorrecta. (Al Che Guevara també se l’utilitza per col·locar-li qualsevol cita, sigui o no autèntica. Una de les més comunes és la de Pasionaria: “Vale más morir de pie que vivir arrodillada.”)
 Dic tot això perquè he trobat una d’aquestes cites i no he pogut comprovar la seva correcta adjudicació, però com s’ajusta perfectament als temps que vivim, la transcric.

Molts jutges són absolutament incorruptibles; ningú no els pot induir a fer justícia.

On no hi ha dubte és en la procedència dels seus poemes. Hi ha un que s’escau a aquest any de celebració del centenari de la Revolució Russa. I aquí queda la corrupció molt lluny ─algú faria el gran negoci amb la venda del petroli─   :

ELS TEIXIDORS DE CATIFES
DE KUJAN-BULAK HONOREN A LENIN

                                   1

Múltiples vegades ─i amb generositat─ ha estat honorat
el camarada Lenin. Bustos se li han erigit
i també estàtues.
Ciutats i nens porten el seu nom.
En totes les llengües es pronuncien discursos
celebrant-li.
Des de Shangai a Chicago en el seu honor s’organitzen
mítings i manifestacions,
però veiem com
els teixidors de catifes de Kujan-Bulak,
petit llogarret al sud del Turquestan,
a Lenin van honorar.

 Cada nit, allà, vint teixidors tremolant s’aixequen
del miserable teler. Volta la febre.
A l’estació ferroviària brunzent
els mosquits que en dens núvol pugen de la zona pantanosa
que hi ha darrera del cementiri de camells.
Però el ferrocarril, que cada dues setmanes
porta aigua i fum,
porta també un dia la notícia de que properament
es va a celebrar la festa en honor del camarada Lenin.
I tot el poble de Kujan-Bulak,
teixidors de catifes, pobres gents,
decideix que el camarada Lenin també tingui
allà un petit bust.
Estremits per la febre acudeixen tots el dia de la capta,
i amb mà tremolosa donen
els copecs tant durament estalviats.
I Stepa Gamalev, soldat,
de l’Exèrcit Roig, escrupolós comptador i home despert,
es congratula d’aquest desig unànime de celebrar Lenin.
Però els seus ulls atents també han vist
tremolar les mans,
i això el porta a fer de sobte una proposta:
Els diners per al bust es gastarà en petroli
que es vessarà sobre el pantà
que hi ha darrere el cementiri de camells,
d’on venen els mosquits que
la febre provoquen.
Així, combatent la febre a Kujan-Bulak
s’honorarà el desaparegut
però sempre present camarada Lenin.
La proposta es va acceptar, i el dia
de l’homenatge, portant un darrere l’altre les seves bonyegudes galledes
plenes del líquid negre, es van dirigir tots al pantà,
i allà el van vessar.

Honorant Lenin a ells mateixos es van beneficiar
i el van honorar beneficiant-se a ells mateixos.
Aquells homes l’havien entès.

                                   2

Ja hem vist com el poble de Kuja-Bulak
va honorar la memòria de Lenin. Vessat
el petroli sobre el pantà, aquella mateixa nit,
es va celebrar una assemblea i en ella
algú va proposar posar a l’estació
una placa on s’expliqués
el succés amb referència expressa al canvi de pla
i al bescanvi del bust de Lenin pel petroli salvador:
i tot allò en homenatge a Lenin.
Així es va decidir
i així es va fer.

Llegir Bertolt Brecht és estar sempre preparat per rebre alguna lliçó.





Abans del següent poema vull recordar un pensament ─aquest sí identificat a les seves notes autobiogràfiques 1920-1954─: La fe de la classe proletària en la seva victòria final m’agrada molt. Però la seva credulitat en tantes altres coses, estretament vinculades a dita fe, no deixa d’intranquilitzar-me.

MON GERMÀ ERA AVIADOR

Mon germà era aviador.
Va rebre un dia un missatge,
Va lligar el seu farcell
I cap al Sud se’n va anar.

Mon germà era conqueridor.
Ens ve estret el nostre sòl
I annexionar espai aliè
És una vella aspiració.

Al Guadarrama a la fi
Mon germà va trobar la seva parcel·la.
De fondària feia un i mig,
I de llarg, metre vuitanta.

Tots i cada un dels poemes tenen la seva pròpia història que, en moltes ocasions, aquesta pot ser recent. Trobo un article del cubà Víctor Casaus ─que dirigeix allà a La Habana el Centro Pablo de la Torriente─ que titula Las enseñanzas del maishtro Bertoldo, que no puc deixar de reproduir.





Por Víctor Casaus

Con ese título comenzaremos a publicar, en el boletín MEMORIA que distribuye por correo electrónico el Centro Pablo al final de cada mes, uno o varios poemas del maishtro Bertolt Brecht. Lo de maishtro es un guiño/homenaje a otro poeta querido, Roque Dalton, que lo llama así en algunos de sus textos, y de cuyas enseñanzas también, en su momento, se alimentó.

Hace muy pocos días reconstruía, en una conversación teléfónica con una amiga reciente, aquel brevísimo poema de Brecht:

DEBILIDADES

Tú no tenías ninguna.
Yo tenía una:
amaba.

Y quizás por eso, y por revivir en el diálogo mencionado la “Lista de las preferencias de Orge”, y por la mención que hace Silvio en todos sus conciertos de esos “imprescindibles” que hacen posible la maravilla de llevar la (buena) música a las puertas de las gentes que viven, sobre todo, en los barrios modestos o menos favorecidos, como también se les llama, es que terminé de comprender que al boletín del Centro Pablo (y a sus lectores/as sobre todo) nos venían muy bien, además de la sección ya existente (“Poesía necesaria”), estas enseñanzas del maishtro Bertoldo que ya se avecinan.

Comparto aquí ahora este poema bello y útil, que dará inicio a esa nueva sección del Memoria. Encontré esta versión castellana en una búsqueda urgente en internet a la 1 y 43 de la madrugada. Intenté encontrar mi propia versión del poema, incluido en la antología que preparé, con traducciones del alemán hechas por mi amiga Olimpia Sigarroa, en 1970 y tanto. Eran tiempos difíciles. “También se cantará sobre los tiempos sombríos” había dejado dicho, en otro poema memorable, el maishtro Bertoldo.

Yo vivía entonces en 23 casi esquina a 24, en el apartamento al que Silvio me había invitado, cumpliendo un pacto de jóvenes caballeros que habíamos hecho: el primero que tenga casa invitará al otro. Yo vivía con mi madre en un solar de la calle Enna, en Luyanó: una sola cuadra delimitada por el paredón de la Quinta Gallega. Silvio vivía con Argelia, Rolando, Mary y Anabel en el apartamento de Gervasio, dormía en una especie de breve buhardilla, precursora quizás de las barbacoas que alcanzarían su esplendor en décadas siguientes, y componía o trabajaba sus canciones, algunas veces, en el baño del apartamento.

De ahí del segundo piso de la calle 23 yo iba caminando a la casa de Olimpia, que quedaba a dos cuadras, a recibir sus traducciones directas de la poesía del maishtro y a cotejar las versiones finales que iba terminando. A veces pasaban corriendo por la sala Pepe o  Claudia, que todavía, por supuesto, no eran jefe de diseño de la Casa de las Américas ni esposa del trovador Gerardo Alfonso, respectivamente, o llegaba del trabajo Carlos, el esposo de Olimpia. Terminé de armar la antología brechtiana viviendo ya en la comunidad de Jibacoa, donde pasé casi dos años haciendo trabajo cultural con mi familia (Alquimia y Abel), y tuvo su primera edición en 1976, cuando comenzaron a amainar los tiempos difíciles. Después tuvo una segunda edición, en la editorial Arte y Literatura, ya en el año, más tranquilo, de 2007.

Pero nadie –ni yo mismo– parece que ha subido el texto de nuestra antología a la red, de modo que echo mano a esta versión del poema, que difiere en varias cosas, como es previsible, de la nuestra: traduttore traditore (“La mayoría de los traductores conocen la expresión “traduttoretraditore” que significa “traductor: traidor” y tienen sus propias experiencias ...”, me sopla Google al oído).

Para nosotros se llamó “Elogio de la duda”, y no contiene “os” o “vuestras” o “saludéis”. Pero eso es lo de menos. Lo fundamental es lo que dice y cómo lo dice. Aquí va.
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LOA DE LA DUDA

Loada sea la duda! Os aconsejo que saludéis
serenamente y con respeto
a aquel que pesa vuestra palabra como una moneda falsa.
Quisiera que fueseis avisados y no dierais
vuestra palabra demasiado confiadamente.

Leed la historia. Ved
a ejércitos invencibles en fuga enloquecida.
Por todas partes
se derrumban fortalezas indestructibles,
y de aquella Armada innumerable al zarpar
podían contarse
las naves que volvieron.

Así fue como un hombre ascendió un día a la cima inaccesible,
y un barco logró llegar
al confín del mar infinito.
¡Oh hermoso gesto de sacudir la cabeza
ante la indiscutible verdad!
¡Oh valeroso médico que cura
al enfermo ya desahuciado!

Pero la más hermosa de todas las dudas
es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza
y dejan de creer
en la fuerza de sus opresores.

¡Cuánto esfuerzo hasta alcanzar el principio!
¡Cuántas víctimas costó!
¡Qué difícil fue ver
que aquello era así y no de otra forma!
Suspirando de alivio, un hombre lo escribió un día en el
libro del saber.

Quizá siga escrito en él mucho tiempo y generación tras
generación
de él se alimenten juzgándolo eterna verdad.
Quizá los sabios desprecien a quien no lo conozca.
Pero puede ocurrir que surja una sospecha, que nuevas
experiencias
hagan conmoverse al principio. Que la duda se despierte.

Y que, otro día, un hombre, gravemente,
tache el principio del libro del saber.
Instruido
por impacientes maestros, el pobre oye
que es éste el mejor de los mundos, y que la gotera
del techo de su cuarto fue prevista por Dios en persona.
Verdaderamente, le es difícil
dudar de este mundo.
Bañado en sudor, se curva el hombre construyendo la casa
en que no ha de vivir.

 Pero también suda a mares el hombre que construye su
propia casa.
Son los irreflexivos los que nunca dudan.
Su digestión es espléndida, su juicio infalible.
No creen en los hechos, sólo creen en sí mismos. Si llega el
caso,
son los hechos los que tienen que creer en ellos. Tienen
ilimitada paciencia ellos mismos. Los argumentos
los escuchan con oídos de espía.

Frente a los irreflexivos, que nunca dudan,
están los reflexivos, que nunca actúan.
No dudan para llegar a la decisión, sino
para eludir la decisión. Las cabezas
sólo las utilizan para sacudirlas. Con aire grave
advierten contra el agua a los pasajeros de naves
hundiéndose.

Bajo el hacha del asesino,
se preguntan si acaso el asesino no es un hombre también.
Tras observar, refunfuñando,
que el asunto no está del todo claro, se van a la cama.
Su actividad consiste en vacilar.
Su frase favorita es: «No está listo para sentencia.»
Por eso, si alabáis la duda,
no alabéis, naturalmente,
la duda que es desesperación.

¿De qué le sirve poder dudar
a quien no puede decidirse?
Puede actuar equivocadamente
quien se contente con razones demasiado escasas,
pero quedará inactivo ante el peligro
quien necesite demasiadas.
Tú, que eres un dirigente, no olvides
que lo eres porque has dudado de los dirigentes.
Permite, por lo tanto, a los dirigidos
dudar.

Bertolt Brecht (Versió de Jesús López Pacheco sobre una traducció directa de l’alemany de Vicente Romano)










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