realitat
L’1 de gener de 1959 ─jo tenia tretze anys─ el que havia estat una lluita quasi clandestina es convertia en un clam. Apareixien uns barbuts ─els recordo de
l’ entrevista d’Herbert Matthews─ que havien fet marxar del país al dictador Batista en poc més de dos anys.
Fidel deia a Santiago aquest dia:
“Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegarà de verdad a su término: no será como en el 95, que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto,...”





I em ve a la memòria el poema que l’espanyol Carlos Álvarez li dedicà: 

MENSAJE A FIDEL CASTRO 

Fue un día como todos.
El sol quizá más fuerte. Acaso el viento
quiso más libertad. Acaso fuera
más fraternal el beso de las playas,
mayor la reciedumbre de los hombres,
y acaso fue también menos esclavo
de la rima el impulso
que renació en el pecho de los ríos.
Las gaviotas supieron sin embargo,
cuando en la noche se durmió el silencio, adormecido
por el canto sin voz de la metralla,
que al otro lado
del fuego y de la muerte, tras la puerta
todavía cerrada del invierno,
se encontraban el trigo y la manzana,
la canción y la lluvia,
la paz de los hermanos, el mañana
cargado de promesas:
cuarteles convertidos en escuelas,
burdeles en talleres,
barrizales en tierra desbordada
fecunda de aire libre, labrantíos
donde creció la zarza y la injusticia,
un faro
que alumbra las costas del Caribe
en medio de la noche americana.
Martí también lo supo: en cada frase
donde sembró de Cuba
la tierra removida, el pecho al pecho al aire,
en cada frase estaban,
─futuro hecho presente─
tu palabra y tu esfuerzo, Fidel Castro:
la métrica y el canto en que rimaste
la voluntad de Cuba y la conciencia
y el despertar de Cuba.
No todo fue risueño, sin embargo:
en Wall Street no fue bien recibida
la brisa de la Sierra
que forjó el huracán de las Antillas.
La paz del Vaticano
se quebró de improviso, y el teléfono
anunció a los mercados de valores
de América y Europa,
que quizá las acciones de la I.C.S.A.
bajaran dos enteros. Las plegarias
besaron las baldosas de los templos,
y el Papa se mostró muy preocupado
por el Reino de Dios sobre la Tierra,
y sin embargo.
Jesús de Nazaret el carpintero
se echó el fusil al hombro,
y fue a Sierra Maestra con los tuyos
para poner su brazo y su martillo
al servicio de Cuba, de la tierra,
del amor y del hombre renacidos...
para afianzar su pecho en las trincheras,
para donar tu sangre a los heridos,
para cantar tu nombre en el combate,
Fidel...
el nombre que hoy asoma
a la sonrisa alegre de los niños,
cuando escuchan tu voz que les ofrece
la libertad que nace
de la mirada abierta,
de la cultura,
de la palabra amor,
del abrazo de todos los hermanos,
de tu paso en la tierr, Fidel Castro.

...A cada amanecida;
cuando el sudor cubano descansado
abraza el campesino su herramienta;
en el momento mismo
en el que en Panamá o en Venezuela,
o donde el Marañón muerde la selva
salpicada de caucho,
la tierra americana
se agrieta al contemplar contra su cielo
la bandera de estrellas y barrotes,
oculto en cada pecho,
clavado en cada esfuerzo,
vertiendo su frescor en cada labio,
apretando de cólera los puños,
tu nombre se hace grito, Fidel Castro!
También este pedazo
de la tierra prohibida, que despierta
de su embriaguez de fútbol mariano,
contempla los perfiles
de tu Sierra Maestra, y analiza
la altura y el tamaño
del Canigó, de Urbión. del Guadarrama...
el vaso desbordado
de su propio sudor sin perspectiva,
y aprende la lección de los hermanos
que han renunciado al látigo y al sueño,
allí donde la tierra y donde el viento
se llama Fidel Castro.

Havien de passar vuit dies per a que Fidel arribés a La Habana i es pogués produir aquella imatge inesborrable: Fidel parlant a Columbia, al poble de la capital, mentre un colom blanc reposa sobre la seva espatlla.



Com ho veuen els veïns? Otto-Raúl González, gran poeta de Guatemala, escriu un fragment de SUITE HABANERA:

LAS METAMORFOSIS

Los cuarteles se tornan en escuelas,
las bayonetas vuélvense punteros,
los revólveres libros,
y lápices las daga.

Los cañones se tornan en campanas,
las mariposas vuélvense cuadernos,
en aulas se convierte la manigua
y el aire en alfabeto.
Todo el pueblo de Cuba
ahora escribe y lee de corrido:
“¡Patria o muerte. Venceremos!”

Més avall,a la primera pàtria ─en el temps─ d’Ernesto Guevara, José Pedroni, poeta argentí, condensa el sentiment d’un continent, de tot un món.

ROSA NÁUTICA

Los cónsules habían tirado su honor a los perros,
su carne envenenada.
La noche andaba con su balde de petróleo
entre las estatuas.
El sol sorprendía a los mercaderes contando dinero
en las escalinatas.
Las mujeres tenían vergüenza de los hombres.
Los hijos, tristes, ambulaban.

Cuando del lado del mar de las Antillas
se alzó una palabra
y empezó a dar la vuelta al mundo,
enceguecedora, blanca,
mientras barbudos ángeles de pueblo
iban con niños en las espaldas.

El primero que la vio fue el sereno
de una fábrica.
El sereno golpeó con el revólver la puerta del dueño.
Se hizo la luz en la ventana.
El sereno dijo:
“Las doce de la noche, pero es la mañana.”

La paloma estaba dando la vuelta al mundo,
enceguedora, alta.
Cuando los árboles se mecían
era porque la paloma pasaba.
Nunca he visto a tanto árbol mecerse,
a tanto trigo, en la tierra americana.

El herrero de chispas en el pelo
salió para mirarla.
El negro se puso a llorar en el algodonal
que era una nube blanca.
El indio apareció con su machete
de entre las verdes cañas.
El minero sacó a la luz desde la noche
sus ojos de cantàrida.
La libertad volvía por el cielo.
Era una estrella y palpitaba.
La había puesto el hombre.
Todos la contemplaban.

Pero los cónsules seguían tirando su honor a los perros,
Su carne envenenada.
Por los pasillos iban y venían
los vendedores de palabras.
Un Moisés abandonado por el pueblo
hería la peña con su vara.
La peña daba cuervos de petróleo
porque el pueblo no estaba.
Se lo veía en el desierto, lejos,
como una isla de lana.
Arriba estaba la bandera sola
salida de las aguas.
Con tizas de los niños he salido a escribir
la palabra en mi casa.
Tengo la tiza azul,
la blanca;
la verde de la ceiba de Colón
que en Cuba echó su ancla;
la amarilla de las trompetas celestes;
la roja de las marchas...
Con treinta y dos colores
escribo la palabra.
Hago una estrella, hago una rosa móvil.
Vivo en la calle Cuba de la patria.



I Juan Rejano. l’espanyol exiliat a Mèxic, provoca l’atenció:

CUBA, 1959

Ha vuelto. ¿No lo veis? Ha vuelto. Vibra
otra vez de impaciencia, negras ascuas
los ojos que aún encienden de amor los horizontes,
la frente como un gajo de sol sobre una cima.

Fulgura. ¿No lo veis? Tiende los brazos
como si con las sombras acariciara
la tierra humedecida por la sangre
de los héroes.
Sobre un caballo de aire,
en la colina de la luz contempla
el cuerpo rescatado de la isla,
su alborozo de nave redimida.

¡Qué avidez de ganar los días hundidos!
Una centella lo estremece, un viento
De júbilo lo exalta.
                               ¿No lo veis?
¿No lo veis derramarse en lumbre nueva?
Llegó de Oriente. De la Sierra, Inmenso.
Con las barbas crecidas, con la oliva
En el pecho,
Y una voz de manigua y un fulgor.

Y halló su casa conmovida, en medio
de las viejas insignias liberadas
de los estigmas rubios, al guajiro
sonando su victoria
en el machete,
y a los niños granando como pequeñas torres
de la libertad.

Ha vuelto. ¿No lo veis? Sonríe. Fulgura.
De Dos Ríos partió una vez. Llevaba
un caballo, una estrella, un pueblo ardiendo.
Y volvió por la Sierra. De la Sierra.
Para seguir creciendo, muerte espuria,
para seguir creciendo.

I el món estava atent.












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