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SANDINO I MINAS SAN ALBINO

Augusto César Sandino, “general de hombres libres” ─ara també de dones─, ja té, des de la seva primera proclama una preocupació: la seva lluita no és únicament per aconseguir l’alliberament del poble nicaragüenc, sinó l’extensió d’aquesta lluita a tots els centroamericans i, anant més lluny, la de tota la Raça Indohispana. En tot cas, segueix la línia de tots els llibertadors latinoamericans.





 Per això és tant important la Mina de San Albino i el Manifest que a ella es genera:

El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura,
merece ser oído, y no sólo ser oído sino también ser creído.

Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que
cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser
patriota leal y sincero.

El vínculo de nacionalidad me da derecho a sumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y, por ende, de la América Central y de todo el Continente denuestra habla, sin importarme que los pesimistas y los cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode.

Soy trabajador de la ciudad, artesano como se dice en este país, pero mi ideal campea en un amplio horizonte de internacionalismo, en el derecho de ser libre y de exigir justicia, aunque para alcanzar ese estado de perfección sea necesario derramar la propia y la ajena sangre. Que soy plebeyo dirán los oligarcas o sean las ocas del cenagal.”

A la mina de San Albino s’havia instal·lat un sistema de pagament, molt comú a tota la Amèrica Llatina, mitjançant vals que podien bescanviar-se a la botiga per queviures.
Sandino denuncia aquest sistema que manté uns preus altíssims dels productes més bàsics. I amb els treballadors en vaga forma el seu primer exèrcit.

A Augusto Sandino

Bajo ala de sombrero mejicano,
su ceño acero y la mirada triste.
Las altas botas guerrilleras viste.
Pistola al cinto a punto de la mano.

Hélice al viento de rumor cercano,
una ave rauda su vivac enviste.
Más disparando, el hombre se resiste
hasta caer abatido el aeroplano.

Alta en “El Chipote”, su figura
habrá de perpetuar en escultura
el espíritu antiguo de la raza.

Allá siempre estarà con sus banderas,
diciendo a las naciones extranjeras
que hay un Sandino en pie por cada plaza.

                        Alberto Ordóñez Argüello


No importa: mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza, los que hemos vivido postergados y a merced de los desvengorzados sicarios que ayudaron a incubar el delito de alta traición: los conservadores de Nicaragua que hirieron el corazón libre de la Patria y que nos perseguían encarnizadamente como si no fuéramos hijos de una misma nación.

Hace diecisiete años Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro dejaron de ser nicaragüenses, porque la ambición mató el derecho de su nacionalidad,pues ellos arrancaron del asta la bandera que nos cubría a todos los nicaragüenses. Hoy esa bandera ondea perezosa y humillada por la ingratitud e indiferencia de sus hijos que no hacen un esfuerzo sobrehumano para libertarla de las garras de la monstruosa àguila de pico encorvado que se alimenta con la sangre de este pueblo, mientras en el Campo Marte de Managua flota la bandera que representa el asesinatode pueblos débiles y enemiga de nuestra raza e idioma.

¿Quiénes son los que ataron a mi patria al poste de la ignominia? Díaz y Chamorro y sus secuaces que aún quieren tener derecho a gobernar esta desventurada patria, apoyados por las bayonetas y las Springfield del invasor.

¡No! ¡Mil veces no!”






¡Sandino!

Alguien facilitó el nombre del innominado
y pensamos en alma baja
lo que fue y no fue esta epopeya patria.

“¡Mató a muchos, no tuvo compasión
   de ninguno; todos murieron
   bajo su luz, su terror, su ejército!
   Y su ejército apenas eran escopetas,
   indios con “cueras”, tiros ladinos,
   matreras emboscadas, huídas, quemas...”

Es cierto. Todo eso es de veras. Empero
resucitó la Historia, dignificó
el coraje, manchó la pechera inmaculada
de los Partidos con sangre saludable
y por él enlutaron su brocal de viento las guitarras.
Seis años en la selva
a lomos siempre de la fuga y a merced
del probable patriotismo aborigen
gesticulan su hazaña, epopeyan
su ejército secreto, justifican
para la venganza fiel tantas y tantas muertes...

Esta es la historia paisana del Innominado,
su pequeñez de propia patria.
(Bástenos recordar la forma
en que lo traicionó su muerte).
     
                          Mari Cajina Vega, 1952






Pueblo hermano:

Al dejar expuestos mis ardientes deseos por la defensa de la Patria, os acojo en mis filas sin distinción de color político, siempre que vengais bien intencionados àra defender el decoro nacional, pues tened presente que a todos se puece enganyar con el tiempo, pero con el tiempo no se puede enganyar a todos.

Mineral de San Albino, Nueva Segovia, Nicaragua, C.A., Julio 1 de 1927.

Patria y Libertad
A.C. Sandino




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Les coses són senceres allò que aparenten, i darrera d'elles... no hi ha res.

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