realitat

Tan rojo... tan castizo, tan zascandil...

Quin plaer festejar el naixement d’un poeta!
I, com si es tractés d’un joc d’imaginació, anar seguint el seu procés creatiu, la seva vida real i, per què no, també la que hauria pogut ser. En aquests darrers casos, si la política hagués estat una altra.

Si organismes com la Censura no haguessin existit. Si la pressió als intel·lectuals no s’hagués exercit de tal forma que només deixaven l’exili com a sortida a les inquietuds, a la vida.

Les retrobades amb els amics haurien estat potser diàries i la capacitat creadora menys impregnada de melancolia.
Potser!

Joaquin Sabina i Benjamín Prado haurien escrit Menos dos alas? I en el cas de fer-ho, ho haurien fet en els mateixos termes?

Però aquesta és la que van escriure i no podia reflectir millor un aspecte de la vida d’Ángel González, poeta nascut a Oviedo el 6 de setembre de 1925. El seu treball a la universitat de Nou Mèxic, a Alburquerque, el feia retornar periòdicament a Espanya. I allà estaven els seus amics esperant-lo.
Benjamín Prado escriu: “Me acordé del maestro Ángel González, que solía llamarme de vez en cuando para decirme: ‘Benja, quiero que sepas que, en mi opinión, anoche salimos de aquel último bar tambaleándonos como dos caballeros.”
Per aquí va la lletra de la cançó ─que volia retre-li un homenatge─.

González era un ángel menos dos alas
González era un santo por lo civil
un dandy con un ojo a la funerala
tan rojo, tan castizo, tan zascandil.

Hilaba en los garitos de mala nota
boleros de Machín con Juanín de Mieres.
Apurando esos whiskys en los que flotan
la luna de las golfas y los crupieres.

Cuando volvía del extranjero
tan forastero,
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche,
pídame un coche,
fumando espero
y le aplaudían los camareros.

Otoños y otras luces, pan con verbenas
su príncipe de Gales, tan Cortefiel
Tratado de Urbanismo, Juan de Mairena
chicana, magdalena, tinta y papel.

Verde por la vergüenza que no tenía,
hasta ayudó a Caronte a quemar sus naves,
decía que morirse no era tan grave
y agonizó en voz baja por cortesía.

Però mal favor li faríem al poeta si ens quedéssim amb l’imatge dels seus últims anys. Millor és anar als anys de joventut, aquells en els que, en paraules de Blas de Otero, “vivir se ha puesto al rojo vivo” (1951). Són anys en els que es produïa “la eclosión de un nuevo realismo, de signo social y comprometido.” (Historia social de la Literatura española). Anys en el que, segons José Manuel Caballero Bonald, a la seva autobiografia La costumbre de vivir, “...el grupo de los 50 estuvo integrado por Ángel González, Costafreda, Barral, Ángel Crespo, José Agustín Goytisolo, Valente, Gil de Biedma, López Pacheco y yo mismo, sin contar con el correspondiente sector de novelistas: García Hortelano, Marsé, Grosso, Zúñiga, Ferres, López Salinas,...”

Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.

Así es mi voz cuando digo
─de tan solo, de tan triste─
mi lamento que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.

─¿Qué es eso que va volando?
─Sólo soledad sonando.

(De Áspero mundo)

Dos homenajes a Blas de Otero

I

Resuena en tus palabras
un difuso clamor de verdades oscuras,
cuando me las encuentro.
Rompen
en mi memoria, siempre
sonoras, firmes, claras,
como las olas de un mar poderosa
que sumerge y levanta,
sin devolver ni arrebatar nunca del todo,
una realidad turbia y mutilada:
el tiempo, el tiempo ido.
A su conjuro,
entre gotas de sal y luz de agua,
con el tiempo
yo mismo,
restos recuperados de mí mismo
vuelven y configurab un fantasma
que dibuja en el aire el viejo gesto
─casi olvidado ya─ de la esperanza.

No todo se ha perdido;
vienen
a mi memoria siempre tus palabras
─claras, firmes, sonoras─
trayéndola, llevándola.

II

Una voz era paz, o luz, o acaso
era fuego esa voz; todavía llama.
O era viento tal vez: ved la alta rama
del olmo aún temblorosa tras su paso.

Era roja esa voz en el ocaso;
cuando la noche sus horrores trama,
vuelve su resplandor: sangre que clama
al cielo ese de los hombres, raso.

Impaciente de paz, y luminosa,
ardiente, airada, entera y verdadera,
era dura esa voz: todavía dura

airosa y alta, como si tal cosa
─alzarse en estos tiempos─ nada fuera.
Admirad, ya hecha estatua, su estatura.

(De Prosemas o menos)

A l’antologia Poesía última de Francisco Ribes, podem llegir sobre Ángel González: “Inevitablemente, el poema ha de ser necesario para quien lo escribe, si se quiere que después sea legítimo para quien lo lee.” “Del mismo modo que lo que esperanza, alegra o emociona al hombre, también lo que le preocupa, lo que le angustia o le amenaza puede aparecer en los poemas que para él se escriben, e incluso es imprescindible que aparezca si no se quiere confinar la poesía en la tierra de nadie de la frivolidad.”

Cementerio de Colliure

Aquí paz,
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de “Toros à Ceret”
y de “Flamenco’s Show”
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
paz
y después gloria.

Dramático destino,
triste suerte
morir aquí
─paz
Y después...─
perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.
Sí; después gloria.

Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
mano de obra barata, ejército
vencido por el hambre
─paz...
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
─...sin gloria.

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?
Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz
─”Casino
de Canet: spanish gipsy dancers”,
rumor de trenes, hojas...─,
ante la gloria ésta
─...de reseco laurel─
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre, tercas, roncas.

D’aquesta època del viatge a Colliure, i del seu compromís amb el PCE, deixa constància el poema “En el nombre de hoy” de Jaime Gil de Biedma.

Finalmente a los amigos,
compañeros de viaje,
y sobre todos ellos
a vosotros, Carlos, Ángel,
Alfonso y Pepe, Gabriel
y Gabriel, Pepe (Caballero)
y a mi sobrino Miguel,
Joseagustín y Blas de Otero.

S’identifiquen Carlos Barral, Ángel González, Alfonso Costafreda, José Ángel Valente, Gabriel Celaya, Gabriel Ferrater, José Caballero Bonald, Miguel Barceló, José Agustín Goytisolo.

Als 31 anys publica Ángel González el seu primer poemari, Áspero Mundo. Allà trobem

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento.

I tornant a l’inici, Joaquín Sabina i Benjamín Prado, a ritme de rumba, ens recorden un aspecte ─i no els menys destacable─ de l’obra de González: l’ús de l’ironia. Així ho veu Luis García Montero: paròdia de tons, tractament satíric de les costums, contínua utilització de parèntesis incisius, jocs de paraules, acudits, ocurrències,...
Alguns exemples.

DISCURSO A LOS JÓVENES

De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.
Amparad ese río
de sangre,
sujetad con segura
mano
el tronco de caballos
viejísimos,
pero aún poderosos,
que arrastran con pujanza
el fardo de los siglos
pasados.

Nosotros somos estos
que aquí estamos reunidos,
y los demás no importan.

Tú, Piedra,
hijo de Pedro, nieto
de Piedra
y biznieto de Pedro,
esfuérzate
para ser siempre piedra mientras vivas,
para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca,
para no tolerar el movimiento,
para asfixiar en moldes apretados
todo lo que respira o que palpita.

A ti,
mi leal amigo,
compañero de armas,
escudero,
sostén de nuestra gloria,
joven alférez de mis escuadrones
de arcángeles vestidos de aceituna,
sé que no es necesario amonestarte:
con seguir siendo fuego y hierro,
basta.
Fuego para quemar lo que florece.
Hierro para aplastar lo que se alza.

Y finalmente,
Tú, dueño
Del otro y de la tierra,
Poderoso impulsor de nuestra vida,
No nos faltes jamás.
Sé generoso
con aquellos a los que necesitas,
pero guarda,
expulsa de tu reino,
mantenlos más allás de tus fronteras
déjalos que se mueran,
si es preciso,
a los que sueñan,
a los que no buscan
más que luz y verdad,
a los que deberían ser humildes
y a veces no lo son, así es la vida.

Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.

Pero no es necesario.

Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,
silencio.
(De Sin esperanza, con convencimiento, 1961)

INTRODUCCIÓN A LAS FÁBULAS PARA ANIMALES

Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.
Hoy quiero ─y perdonad la petulancia─
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejo atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
─ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente─
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.

(De Grado elemental)



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Les coses són senceres allò que aparenten, i darrera d'elles... no hi ha res.

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