realitat

Lezama Lima, gran entre els grans

Encara tinc la seva imatge, envoltada pel fum de l’omnipresent cigar. Julio Cortázar contesta a un alumne a les seves Clases de Literatura. Berkeley, 1980: “...se reía mucho porque yo lo llamaba ‘el Gordo Cósmico’. Era obeso, Lezama, y yo lo llamaba “El Gordo Cósmico” porque su mundo es un mundo que abarca el cosmos, no sólo la realidad inmediata”.

Es van fer molt amics José Lezama Lima i Julio Cortázar. De cap altre manera es podia mantenir la relació entre els autors de Paradiso i Rayuela. Cortázar explica una anècdota que mostra la personalitat desbordant de l’asmàtic Lezama:



Un dia que es trobava “molt fatigat, li brunzia el pit com quan es té molta asma i molts xiulets. Al carrer hi havia uns obrers treballant amb martells mecànics pel que hi havia un soroll monstruós. Un amic que el visitava li va preguntar: ‘Bueno, maestro, ¿cómo está usted?’ Lezama li va dir: ‘¿Cómo quieres que esté? Fíjate, con ese fragor wagneriano y yo aquí con mi chaleco mozartiano’. Cortázar segueix: ‘Escena grandiosa porque todas las flautas y los violines de Mozart, y afuera Wagner... Eso podría decirlo un personaje de Paradiso. Lezama es una de las figuras más prodigiosas de nuestra literatura contemporánea, y estoy hablando mucho más que de América Latina: del mundo”.

Trobo una altra imatge de Lezama molt anterior. Octubre de 1936. Acaba d’arribar a La Havana María Zambrano i un grup d’intel·lectuals li ofereixen un sopar a La Bodeguita del Medio. A la seva dreta seu “un joven de grande aplomo y ¿por qué no decirlo? De una contenida belleza, que había leído algo de lo por mí publicado en la Revista de Occidente. No es cosa de transcribir aquí mi estado de ánimo en aquel momento. En esta sierpe de recuerdos, larga y apretada en mi memoria, surge aquel joven con tal fuerza que por momentos lo nadifica todo. Era José Lezama Lima. Su mirada, la intensidad de su presencia, su capacidad de atención, su honda cordialidad y medida, quiero decir comedimiento, se sobrepusieron a mi zozobra; su presencia, tan seriamente alegre, tan audazmente asentada en su propio destino, quizá me contagió... Supe siempre, nos viéramos mucho o poco, que fue un encuentro sin principio ni fin.”

Quina premonició, la de María Zambrano!
Al març de 1975, escriu Lezama:

María Zambrano

María se nos ha hecho tan transparente
que la vemos al mismo tiempo
en Suiza, en Roma o en La Habana.
acompañada de Araceli
no le teme al fuego ni al hielo.
Tiene los gatos frígidos
y los gatos térmicos,
aquellos fantasmas elásticos de Baudelaire
la miran tan despaciosamente
que María temerosa comienza a escribir.
La he oído conversar desde Platón hasta Husserl
en días alternos y opuestos por el vértice,
y terminar cantando un corrido mexicano.
La olitas jónicas del Mediterráneo,
los gatos que utilizaban la palabra como,
que según los egipcios unían todas las cosas
como una metàfora inmutable,
le hablaban al oído
mientras Araceli trazaba un círculo mágico
con doce gatos zodiacales,
y cada uno esperaba su momento
para salmodiar El libro de los muertos.
María es ya para mí
como una sibila
a la cual tenuamente nos acercamos,
creyendo oír el centro de la tierra
y el cielo de empíreo,
que está más allá del cielo visible.
Vivirla, sentirla llegar como una nube,
es como tomar una copa de vino
y hundirnos en su légamo.
Ella todavía puede despedirse
abrazada con Araceli,
pero siempre retorna como una luz temblorosa.


Als inicis de la Revolució algú va posar entrebancs a la venda de Paradiso. Algun buròcrata mal informat la va titllar de pornogràfica. Cortázar ─sempre Cortázar─ deia que si el culpable encara era viu,estaria amagat per la vergonya. Aquells moments el recull Heberto Padilla a

JOSÉ LEZAMA LIMA

Hace algún tiempo
como un muchacho enfurecido frente a sus manos atareadas
en poner trampas
para que nadie se acercara,
nadie sino el más hondo,
nadie sino el que tiene
un corazón en el pico del aura,
me detuve a la puerta de su casa
para gritar que no,
para advertirle
que la refriega contra usted ya había comenzado.
Usted observaba todo.
Imagino que no dejaba usted de fumar grandes cigarros,
que continuaba usted escribiendo
entre los grandes humos.
¿Y qué pude hacer yo,
si en su casa de vidrio de colores
hasta el cielo de Cuba lo apoyaba?

Si ens quedéssim amb intervencions com la de l’Heberto Padilla ─que al final del poema ha de reconèixer la realitat─ estaríem donant una visió manipulada. Diu un altre gran cubà, Alejo Carpentier: “Podríamos agregar el nombre de Lezama Lima, que es también una figura de gran importancia, a quien por cierto se ha pretendido utilizar más de una vez en forma tendenciosa para hacer ver alguna disensión con respecto al proceso revolucionario.”



Donem la paraula a un Lezama, sempre a prop de Góngora y de Quevedo:

ERNESTO GUEVARA, COMANDANTE NUESTRO

Ceñido por la última prueba, piedra pelada de los comienzos para oír las inauguraciones del verbo, la muerte lo fue a buscar. Saltaba de chamusquina para árbol, de aquileida caballo hablador para hamaca donde la india, con su cántaro que coagula sus sueños, lo trae y lo lleva. Hombre de todos los comienzos, de la última prueba, del quedarse con una sola muerte, de particularizarse con la muerte, piedra sobre piedra, piedra creciendo el fuego. Las citas con Tupac Amaru, las charreteras bolivarianas sobre la plata del Potosí, le despertaron los comienzos, la fiebre, los secretos de ir quedándose para siempre. Quiso hacer de los Andes deshabitados, la casa de los secretos. El huso del transcurso, el aceite amaneciendo, el carbunclo trocándose en la sopa màgica. Lo que se ocultaba y se dejaba ver era nada menos que el sol, rodeado de medialunas incaicas, de sirenas del séquito de Viracocha, sirenas con sus grandes guitarras. El medialunero Viracocha transformando las piedras en guerreros y los guerreros en piedras. Levantando por el sueño y las invocaciones la ciudad de las murallas y las armaduras. Nuevo Viracocha, de él se esperaban todas las saetas de la posibilidad y ahora se esperan todos los prodigios en la ensoñación.

Como Anfiareo, la muerte no interrumpe sus recuerdos. La aristía, la protección en el combate, la tuvo siempre a la hora de los gritos y la arreciada del cuello, pero tambieén la areteia, el sacrificio, el afán de holocausto. El sacrificarse en la piràmide funeral, pero antes dio las pruebas terribles de su tamaño para la transfiguración. Donde quiera que hay una piedra, decía Nietzsche, hay una imagen. Y su imagen es uno de los comienzos de los prodigios, del sembradío en la piedra, es decir, el crecimiento tal como aparece en las primera teogonías, depositando la región de la fuerza en el espacio vacío.

Quan parla de la Revolució, difícilment es pot expressar en menys paraules el que aquesta representa:

“Y de pronto se verifica el hecho de la Revolución. Nuestra historia se vuelve un sí, una intensa afirmación, el potens nuestro comienza a actuar en la infinitud. La Revolución es en mí algo muy superior a un cambio, fue una integración, una profundización. Nos enseñó a todos la trascendencia de la persona, la dimensión universal que es innata al hombre.”

Miguel Barnet, que es va fer famós a casa nostra amb una novel·la de caràcter antropològic, Biografía de un cimarrón (1966), li dedica un

ORIKI PARA JOSÉ LEZAMA LIMA

Muy al principio
cuando en las Antillas Menores o Mayores
─para el caso da igual─
un río viejo como los ríos
retomaba su cauce prehistórico,
una lechuza enlutaba los días iniciales,
y un árbol de hojas gigantes daba los primeros frutos,
las primeras señales de vida,
un hombre sin edad
tomó una palabra al azar, la juntó a la otra,
y creó un juego de nupcias increíble
para que hombre y hombre se entendieran
a través de los ríos,
las lechuzas
y los árboles.

I ara, quan Barnet ja li ha proporcionat un oriki ─un nom “yoruba─”, tornem al Cortázar divulgador de Paradiso a La vuelta al día en ochenta mundos.

“Cuando hace años comencé a mostrar o a leer pasajes de Lezama a personas que no lo conocían, el asombro que provocaba su visión de la realidad y la osadía de las imágenes que la comunicaban, se veía casi siempre mitigado por una amable ironía, por una sonrisa de perdonavidas. No tardé en darme cuenta de que entraba allí en acción un rápido mecanismo de defensa, y que los amenazados de absoluto se apresuraban a magnificar las tachas formales como un pretexto acaso inconsciente para quedarse de este lado de Lezama, para no seguirlo en su implacable sumersión en aguas profundas”.

Però Lezama va ser quelcom més que un novel·lista atrevit, també va ser un crític i un poeta important.

Vieja balada surrealista

Cuando el riachuelo se llena de coletazos
de serpiente i el piano vuelto de espaldas
ensenya sus zapatos que brillan como la noche
cuando se hunde como un sillón desfondado
aunque sus mimbres viejos son juguetes del niño cabezón
A resguardo de tajada de melón violín
los bailarienes se dan cabezazos y sudan aserrín
y la medianoche se aburre
como un tablero de ajedrez reclinado en la pizarra
No pensaba ir, pero me faltaba el llavero
el candado enorme el perro que siempre se sigue
hasta que se despide lamiendo una pantorrilla
El violín como un brazo lleno de ranas
comenzó a lanzar gotas de miel evaporada
La canoa del jefe pasaba por el lago de cristal
cuando sonaron las dos de la madrugada
y los que se despertaban bailaban con los que se dormían
Ya llegó la esperada y yo me escondí
con hipocresía detrás de una infantil caja de lápices
que me prestaron sus dedos amarillos
y los fragmentos del acordeón como una toronja almibarada
Lágrimas que yo guardaba como migajas de pan
para lanzarlas en la piscina de los caimanes amanerados
Cuando comenzaba a inflarse el buñuelo
el charol chilló definitivamente
y la canoa del jefe estaba llena de pedacitos de cristal


Amanecer en Viñales

Ya el tatuaje de un pescado
o los castigos de un yes
Fierabrás va encaramado
en pitagórico tres.
Fiesta, llegó el convidado.
Síncopas, viejo remero,
es el ¡ay! del melonero,
el matiz del amarillo.
desde el escolar sencillo,
ondas del río primero.

El espíritu sin libro
y el libro espíritu
¡con el daimon ya ne libro,
los manes de Manitú!
El romance sin peligro
siguiendo la serventía.
Se pronuncia como el día
el nublo de dos jinetes,
el cortado en jarretes,
y el triunfante Mediodía.

No sabràs qué buena luz.
¿Sin sierpe hay melodía?
No es el farol, es el día,
sin antifaz ni capuz.
Queda aún la celosía,
su capuz, la noche grata.
La hormiga de cada mata
acrece como un frijol,
ancha como el guarandol
de un girasol de piñata.

En la reunión nocturna
cae la palabra, señores,
no hay lechuza ni embadurna,
sí flautines, ruiseñores,
collares de cundiamores,
mosaicos de azul turquí.
De San Antonio a Maisí
Fierabrás traza su Eros,
el chivo de los santeros
con el sabor del anís.

El queso con la guayaba
o virreyes al rocío,
la palabra deslizada,
escaramuzas sin frío
de la granja aljamiada.
Muelle plumón y ventana,
si el verdor de la rana
en la madera pulida,
salta la entremetida
de la noche a la mañana.

De la noche a la mañana
se interpone la neblina,
pero este pez serafina
con anchura de campana
ya trasuda arena fina.
Derriba como Anfión
con larghetto de acordeón.
No tenemos el invierno,
ni descenso al infierno,
el no, topo, y el llorón.

Bisiestos del caracol,
suda tierra y vuelve hilo.
No peluca en coliflor,
Ee arco iris en vilo
sabe rezumir la flor.
Robar los melocotones,
son las más sabias lecciones,
sal de la longevidad
y el filósofo Sang Fo.
Un palmeral es su yo,
y otra vez la eternidad.

1974

Ara, aquest 9 d’agost, quan es compleixen els quaranta anys dels seu traspàs, el volem fer més nostre; i la seva humanitat omple la casa i deixa de ser, espero que per molt temps, un munt de llibres a la prestageria.




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