realitat

Escrivim perquè ens estimin els amics

Un llarg títol que prenc prestat a García Márquez, a través d’un gran poeta: el mexicà José Emilio Pacheco, mort fa dos anys el 26 d’aquest mes.

José Emilio Pacheco –coses estranyes de la vida- és un poeta d’aquells que no deixo morir des del dia que el vaig llegir per primer cop. Dic “coses estranyes de la vida” i ho explicaré més endavant. Vaig descobrir un gran poeta civil a l’altura dels nostres de la generació del 50 i a l’Avant, abans de la seva mort física, ja li havia dedicat l’atenció. Ara, en uns moments que está viu en la memòria, descobreixo un poema de l’any 1966 –quin desastre!- que ja forma part de l’imaginari de Mèxic:

Alta traición

No amo a mi patria.
su fulgor abstracto
es inasible
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

José Emilio Pacheco reconeix que no dóna mai per acabat un poema, així que Alta traición, que era un a 1966, era un altre, amb petits matisos, 14 anys després. I accepta l’influència de lectures velles, de paisatges, de la vida. No és per res que diu: “Todo poema es un ser vivo: envejece”.
I –ara surten les coses estranyes de la vida- el 1973 es va trobar un poema que deia molt millor el que ell havia volgut dir amb Alta traición, Assaig de càntic en el temple, de Salvador Espriu. Explica que amb l’ajut d’un home de l’exili, Ramon Xirau i un diccionari català-castellà se’n va apropiar i el va publicar a Islas a la deriva (1976):

Ensayo de cántico en el templo

Harto estoy de mi vieja tierra,
de mi país cobarde y salvaje.
Cómo quisiera ir hacia el norte.
Allí me dicen que la gente es limpia,
noble, culta, feliz, rica y despierta.
En la congregación
me desaprobarían mis hermanos.
“Como ave que deja el nido
es el hombre que parte de su lugar”.
Y yo, a lo lejos, como iba a reírme
de la ley y la antigua sabiduría
de este mi pueblo yermo.
Pero no cumpliré nunca mi sueño
y aquí voy a quedarme hasta la muerte.
Pues yo también soy cobarde y salvaje
y amo con un desesperante dolor
mi patria pobre, sucia y desdichada.

És cert que no ens trobem amb un poeta d’una politització directa, però sí que és capaç de denunciar la corrupció dels governants d’un país on aquesta és llei. I també recordar

Vietnam

1

Vuelve al Mekong la primavera.
Los árboles,
comidos por el defoliador,
tienen renuevos.
Bombardearon Vietnam como quien manda
flagelar a los mares.

2

Dijeron que iban a defender el mundo occidental y la
revolución no pasaría.
Hoy sus huesos blanquean los arrozales. Entre el fango
otoñal brillan los restos de sus latas y plásticos
indestructibles.

Per això no ens pot estranyar que el setembre de 1985 fes tots els possibles per tornar a Mèxic –estava a Maryland (Usamèrica). El terratrèmol -8.1 a l’escala Richter- del dia 19 va deixar més de 10.000 morts i una destrucció que el president mexicà Miguel de la Madrid va intentar censurar.
José Emilio Pacheco –que ja hi era el dia 21- va publicar les seves impressions a Miro la tierra (62 pàgines, 1986). A la primera part –Las ruinas de México (Elegía del retorno) podem llegir:

I

6

Sube del fondo el viento de la muerte.
El mundo se estremece en fragor de muerte.
La tierra sale de sus goznes de muerte.
Como secreto humo avanza la muerte.
De su jaula profunda escapa la muerte.
De lo más hondo y turbio surge la muerte.

7

El día se vuelve noche,
polvo es el sol,
el estruendo lo llena todo.

II

3

De aquella parte de la ciudad que por derecho
de nacimiento y crecimiento, odio y amor
puedo llamar la mía (a sabiendas
de que nada es de nadie),
no queda piedra sobre piedra.

Ésta que allí no ves, que allí no está
ni volverá a alzarse nunca, fue en otro mundo
la casa en que abrí los ojos.
La avenida que pueblan damnificados
me enseñó a caminar.
Jugué en el parque
hoy repleto de tiendas de campanya.

Terminó mi pasado.
Las ruinas se desploman en mi interior.
Siempre hay más, siempre hay más.
La caída no toca fondo.

5

Suelo es la tierra que sostiene,
el piso que ampara, la fundación
de la existencia humana. Sin él
no se implantan ciudades ni puede alzarse el poder.
“Los pies en la tierra”
decimos para alabar la cordura,
el sentido de la realidad.
Y de repente
el suelo se echa a andar,
no hay amparo:
todo lo que era firme se viene abajo.

8

Para los que ayudaron, gratitud eterna, homenaje.
Cómo olvidar ─joven desconocida, muchacho anónimo,
anciano jubilado, madre de todos, héroes sin nombre─
que ustedes fueron desde el primer minuto de espanto
a detener la muerte con la sangre
de sus manos y de sus lágrimas;
con la certeza
de que el otro soy yo, yo soy el otro,
y tu dolor, mi prójimo lejano,
es mi más hondo sufrimiento.

Para todos ustedes acción de gracias perenne.
Porque si el mundo no se vino abajo
en su integridad sobre México
fue porque lo asumieron
en sus espaldas ustedes,
héroes plurales, honor del género humano,
único orgullo
de cuanto sigue en pie sólo por ustedes.

9

Reciba en cambio el odio.
También eterno, el ladrón,
el saqueador, el impasible, el despótico,
el que se preocupó de su oro y no de su gente,
el que cobró por rescatar los cuerpos,
el que reunió fortunas de quince mil millones de
escombros
donde resonarán perpetuamente los gritos
de quince mil millones de muertos.

Que para siempre escuche el grito de los muertos
el que se enriqueció traficando
con materiales deleznables,
permisos fraudulentos de construcción,
reparaciones bien cobradas y nunca hechas.
Cubra la sangre el rostro del ladrón,
jamás encuentre reposo,
la asfixia sea su noche,
su vida el peso conjunto
de todas las paredes arrasadas.

10

Con qué facilidad en los poemas de antes hablábamos
del polvo, la ceniza, el desastre y la muerte.
Ahora que están aquí ya no hay palabras
capaces de expresar qué significan
el polvo, la ceniza, el desastre y la muerte.

Només són uns fragments però suficients per mostrar el dolor solidari de la persona, l’homenatge a l’heroi anònim ─el poble─ i la ràbia ─en la maledicció nerudiana─ davant la corrupció del poder.




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Les coses són senceres allò que aparenten, i darrera d'elles... no hi ha res.

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