realitat

La vida a la mort d'un editor

La vida, en la seva lluita amb la mort, surt, encara que sembli estrany, guanyadora en algunes ocasions. En tot cas, de forma absolutament subjectiva, així ho crec. I aquesta victòria, per alguns pírrica, la reflecteix el seu llegat: cartilles escolars ─amb molt bones notes─, manuscrits, texts inèdits que podien ser inicis de novel·les, correspondència i sobretot, llibres, molts llibres editats d'altres autors. Aquí hi ha recollida tota una vida.

Parlo de Carlos Barral, mort el 12 de desembre del 1989.

Acudeixo al prestatge i agafo Función de la poesía y función de la crítica, de T.S. Eliot. Tot un clàssic traduït per Jaime Gil de Biedma. Barral es llençava a la publicació d'obres dels seus amics poetes i d'altres que poguessin informar sobre la seva polèmica amb Carlos Bousoño. Hi comptava amb la complicitat d'alguns crítics i uns pocs llibreters com recull a Los años sin excusa: publicava "a contracorriente y a contrapelo de los cálculos comerciales".

Parlo del mateix al que José María Valverde li va dedicar aquest poema l'any 1970:



COLOFÓN

ESCRITO AL CORREGIR LAS PRUEBAS DEL VOLUMEN

"ENSEÑANZAS DE LA EDAD"; PARA CARLOS BARRAL,

POETA Y EDITOR DE POETAS

(Y bajo el recuerdo de la "Balada de los ahorcados", de Villon)



Compañeros, poetas del futuro,

sed buenos con nosotros; intentad

comprender cómo pudo ser tan duro

este inútil vivir en vaguedad,

este fracaso, al fin debilidad.

Ahorcados nos veis, en vuestros días,

hacia el olvido, ya en bibliografías,

sólo borroso haber tradicional,

huesos al viento en las antologías,

seco polvo de tesis doctoral.



Hermanos, los poetas del mañana:

si queda entonces imaginación,

pensad qué mal negocio es esta vana

conciencia nunca en paz de los que son

poetas de una "edad de transición".

Diréis: "No dieron una, pobre gente:

hechos a lo sublime, de repente

quisieron ser reales, y era tarde."

Y no sabréis que hoy damos por valiente

al que no es peor cosa que cobarde.



Vosotros no andaréis tan divididos,

queriendo al mismo tiempo estar atentos

al yo en sus más recónditos latidos

y al dolor de los prójimos hambrientos

pisados por los ricos y violentos.

Nacidos en justicia y en cultura,

tal vez seréis voz lúcida y madura

del mundo, y, en hermosa perspectiva,

ya ni recordaréis, desde esa altura,

nuestro torpe tanteo, a la deriva.



Pero si sois benévolos, hermanos,

y encontramos merced en vuestras manos,

por ese corazón os querrán bien

poetas de otros siglos más lejanos:

¡y buena falta os puede hacer también!



I la vida de l'editor segueix quan els seus amics, els del grup més íntim, li dediquen part de la seva obra.

José Agustín Goytisolo escriu a l'inici de Como los trenes de la noche: "A mis compañeros Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma" i, com si es tractés d'una jugada de billar a tres bandes, Jaime Gil de Biedma escriu al poema Conversaciones poéticas, integrat a Moralidades: "A Carlos Barral, amante de la estatua".

Era a Formentor, al maig del 1959. I el poema, que no vull evitar reproduir, era una síntesi de la relació, més que no pas literària, entre una colla de personatges que havien esdevingut generació d'amics inseparables. I penso que, fins i tot, després de la mort.



Predominaba un sentimiento

de general jubilación.

Abrazos,

inesperadas preguntas de amistad

y la salutación

de algún maestro

─borrosamente afín a su retrato

en la Antología de Gerardo Diego─

nos recibieron al entrar.

Llegábamos,

después de un viaje demasiado breve,

de otro mundo quizá no más real

pero sin duda menos pintoresco.



Y algo de nuestro invierno, de sus preocupaciones

y de sus precauciones, seguramente se notaba

en nosotros aun cuando alcanzamos

el fondo de la estancia, donde un hombre muy joven,

de pie, nos esperaba silencioso

junto a los grandes ventanales.

Alguien nos presentó

por nuestros nombres, mientras que dábamos las gracias.

y enseguida salimos al jardín.



A la orilla del mar,

entre geranios,

en el pequeño pabellón entre los pinos

las conversaciones empezaban.

sólo muy vagamente

recuerdo lo que hablamos: la imprecisión de hablar,

la sensación de hablar y oir hablar

es lo que me ha quedado, sobre todo.

Y las pausas pesadas como presentimientos,

las imágenes sueltas

del mar ensombreciéndose, pintado en la ventana,

y de la agitación silenciosa de los pinos

en el atardecer, captada unos instantes.

Hasta que al fin las luces se encendieron.



De noche, la terraza estaba aún tibia

y era dulce dejarse junto al mar,

con la luna y la música

difuminando los jardines, el Hotel apagado

en donde los famosos ya dormían.

Quedábamos los jóvenes.

No sé si la bebida

sola nos exaltó, puede que el aire,

la suavidad de la naturaleza

que hacía más lejanas nuestras voces,

menos reales, cuando rompimos a cantar.

Fue entonces ese instante de la noche

que se confunde casi con la vida.

Alguien bajó a besar los labios de la estatua

blanca, dentro en el mar, mientras que vacilábamos

contra la madrugada. Y yo pedí,

grité que por favor que no volviéramos

nunca, nunca jamás a casa.



Por supuesto, volvimos.

Es invierno otra vez, y mis ideas

sobre cualquier posible paraíso

me parece que están bastante claras

mientras escribo este poema

pero,

para qué no admitir que fui feliz,

que a menudo me acuerdo?



En estas otras noches de noviembre,

negras de agua, cuando se oyen bocinas

de barco, entre dos sueños, uno piensa

en lo que queda de esos días:

algo de luz y un poco de calor

intermitente,

como una brasa de antracita.



I Carlos Barral és viu a la casa que l'Ajuntament de Calafell ha conservat com a museu a primera línia de mar, evitant la seva desaparició com a conseqüència de l'especulació. I en la renovació de la Capitán Argüello (ara una nova Carlos Barral), la barca en la que sortia a pescar, o simplement donar a conèixer el mar als seus amics. Que podria ser en la que va aprendre el nom dels peixos...


HOMBRE EN LA MAR (1960)


Porque conocía el nombre de los peces,
aún de los más raros,
y el de los caladeros, y las señas
de las lejanas rocas submarinas,
me dejaban revolver en las cestas,
tocarlos uno a uno, sopesarlos,
y comentaban conmigo abiertamente
las sutiles cuestiones del oficio.
Porque entendía de nudos y de velas
y del modo de armar los aparejos,
me llevaban con ellos muchas veces;
me regalaban el quehacer de un hombre.
Sentía con orgullo
enrojecérseme las manos al contacto del cáñamo,
impregnarme
un fuerte hedor a brea y a pescado.
Sabía casi todo de aquella vida simple,
de aquel azar diario y primitivo.

Sólo que aquella ciencia era lujosa.
No supieron contarme
o no pude entender cómo era aquello
en los días peores, las amargas
semanas de paciencia,
cuando el viento del norte
roe las entrañas y se harta la pupila
de escudriñar los cielos,
en los días confusos,
cuando el mar de borrosos contornos
es sólo como un cascote de vidrio
semienterrado en el fango,
un desagradable incidente o una trampa
para los que pasan corriendo
ciegos bajo la lluvia.



I a L'Espineta, el bar de referència de la família Barral, la seva presència es fa notar.



I, com no, hi ha vida als fons de les editorials a les que va dedicar els esforços, malgrat la lluita, inevitable, amb l'enemic de l'època: la censura. Que existia en el cinisme d'alguns personatges. Thomas de Carranza, Director General de Cultura Popular responia a una petició de Barral: "Que una cultura humanística se vea perjudicada por la censura es falso. Mire, si no, cómo prosperó la teología en la época de la Contrarreforma a pesar de las prohibiciones".



Al final, perquè ha d'haver-hi un, em quedo amb el que escriu José-Carlos Mainer: "Carlos Barral, un hombre interiormente mucho más libre que la mayoría de los españoles".

A la foto està acompanyat pels editors Giulio Einaudi i Claude Gallimard. Tres "monstres" de l'edició.


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