realitat

MIQUEL ÀNGEL SÒRIA

 

… Ángela Figuera Aymerich.

Com a dona, és l'element més fàcilment oblidable del trio de poetes socials bascos ─amb Celaya i Blas de Otero─. Potser és perquè, en els seus inicis, no considerava la poesia, com els seus dos companys, una eina capaç de transformar la societat, "una arma carregada de futur". Per a ella era més aviat un instrument de companyia dels éssers humans, però això sí, dels més desvalguts, dels més necessitats. O senzillament perquè era dona. Perquè més tard, la seva coincidència amb els companys serà gran i la realitat social de la posguerra objecte de la seva crítica. A Belleza cruel confesa: "Porque es lo cierto que empecé cantando / para poner a salvo mis juguetes, / pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo".

 

Ángel Figuera Aymerich, que ara, el dia 30 d'aquest mes faria 110 anys. La que, amb la seva poesia va fer reflexionar i rectificar a León Felipe el concepte tan conegut de que era ell el que posseïa la cançó i el salm.

"Más yo te dejo mudo... ¡mudo! / Y ¿como vas a recoger el trigo / y a alimentar el fuego / si yo me llevo la canción?" havia escrit. O: "el salmo es una joya que les dimos en prenda los poetas a los sacerdotes... y ahora lo rescato, me lo llevo, me lo llevo del templo, me lo llevo en mi garganta rota y desesperada". I al juny de 1958 es veu en l'obligació d'escriure-li a Ángela Figuera: "Y ahora estamos aquí, del otro lado del mar, nosotros, los españoles del éxodo y del viento, asombrados y atónitos oyéndoos a vosotros cantar: con esperanza, con ira, sin miedos...

Esa voz... esas voces... Dámaso, Otero, Celaya, Hierro, Crémer, Nora, de Luis, Ángela Figuera Aymerich... los que os quedasteis en la casa paterna, en la vieja heredad acorralada... Vuestros son el salmo y la canción".

 

Jo he estat incapaç de trobar un més bell homenatge. I això que en té molts. El vell mestre reconeix el valor, el coratge dels que s'han quedat i com aixequen la veu, com es fan sentir. I entre ells està, malgrat l'oblit de crítics i estudiosos, el nostre personatge.

Només cal llegir la seva Carta de cumpleaños a Alberti l'any 1962, quan es compleixen 23 anys de l'acabament de la Guerra Civil.

 

Somos quien somos: pocos e infinitos;

nosotros y vosotros; de este lado

del mar y al otro lado; y bajo tierra

(Miguel, Jesús, Antonio, Blas, Gabino,

Ángel, Gabriel, José Agustín...) y todos

tenemos una edad: veintitrés años

trepados con tesón, a puro empeño;

lanzando los poemas como balas

contra la espada, el látigo y la mitra;

contra la fuerza en dólares o en plomo;

mordiendo los talones del tirano

aunque la espuela rasgue nuestras bocas.


 

A Mèxic la premien i li publiquen Belleza cruel (aquí hagués estat impossible) amb el pròleg de León Felipe d'on hem extret el fragment citat més amunt.

 

BELLEZA CRUEL

 

Dadme un espeso corazón de barro,

dadme unos ojos de diamante enjuto,

boca de amianto, congeladas venas,

duras espaldas que acaricie el aire.

Quiero dormir a gusto cada noche.

Quiero cantar a estilo de jilguero.

Quiero vivir y amar sin que me pese

ese saber y oir y darme cuenta;

este mirar a diario de hito en hito

todo el revés atroz de la medalla.

Quiero reír al sol sin que me asombre

que este existir de balde, sobreviva,

con tanta muerte suelta por las calles.

 

Quiero cruzar alegre entre la gente

sin que me cause miedo la mirada

de los que labran tierra golpe a golpe,

de los que roen tiempo palmo a palmo,

de los que llenan pozos gota a gota.

 

Porque es lo cierto que me da vergüenza,

que se me para el pulso y la sonrisa

cuando contemplo el rostro y el vestido

de tantos hombres con el miedo al hombro,

de tantos hombres con el hambre a cuestas,

de tantas frentes con la piel quemada

por la escondida rabia de la sangre.

 

Porque es lo cierto que me asusta verme

las manos limpias persiguiendo a tontas

mis mariposas de papel o versos.

Porque es lo cierto que empecé cantando

para poner a salvo mis juguetes,

pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,

y me confieso y pido a los que pasan

que me perdonen pronto tantas cosas.

 

Que me perdonen esta miel tan dulce

sobre los labios, y el silencio noble

de mis almohadas, y mi Dios tan fácil

y este llorar con arte y preceptiva

penas de quita y pon prefabricadas.

 

Que me perdonen todos este lujo,

este tremendo lujo de ir hallando

tanta belleza en tierra, mar y cielo,

tanta belleza devorada a solas,

tanta belleza cruel, tanta belleza.


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