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MIQUEL ÀNGEL SÒRIA

 

Fa uns mesos en els que encara podíem parlar de treure a Franco del Valle de los Caídos -quins temps aquells!-. Malgrat tot, crec que no hauríem de deixar de banda l'objectiu d'accelerar el seu descens als inferns, si no ha pogut anar i tornar vàries vegades. Però se'm planteja un dubte seriós: No seria millor enviar-lo al cel? En el supòsit de l'existència del cel i de l'infern, allà deuen trobar-se tots els seus companys de viatge –de missa i comunió diària- encapçalats pel Carrero. Seguint amb el mateix supòsit de l'existència d'aquests destins, i convençut de que el meu hauria de ser l'infern, la veritat és que com no em faria cap gràcia trobar-me'l,  bo seria treure-li l'entrebanc que representa la pesada llosa per l'ascensió al cel.

Per donar una empenta que l'ajudi, potser caldria demanar la participació d'alguns poetes que han pensat en ell. Només és una petitíssima mostra. Això sí, podem considerar una llicència poètica l'ús de la paraula infern i assumpte solucionat.

I a votar indignats!

 

L'AMOR DEL GENERAL FRANCO

                      Jaroslav Seifert

 

                             El General ama sinceramente a España.

                        (Declaracions de Carmen Polo de Franco

                                                         a la premsa italiana.)

 

 

Tothom assassina allò que més estima

─digué Wilde en un poema.

El mateix haurà pensat Franco:

Espanya, et mataré.

 

Pel gran amor de Franco

el país sembla un cementiri.

 

 

 

 UN TRAIDOR

            "Viriato", 1941

           

Petiso, barrigudo, narigón,

con la cabeza llena de serrín,

tiene toda la facha de un rocín

al que sólo le falta el albardón.

 

En apariencia inofensivo clown,

esconde un alma trágica y ruin;

se cree un primoroso figurín,

y es nada más que un triste figurón.

 

"Voy a salvar España" –dijo un día-.

Y en efecto, salvóla de tal modo,

que hoy España revuélcase en el lodo,

 

hambrienta, destrozada, en la agonía.

¿Y este tipo está suelto todavía?

¡Pronto atado será codo con codo!

             "Galicia", periòdic de la Federación de Sociedades Gallegas de Buenos Aires.

 

 

El general Franco

en los infiernos


            Pablo Neruda

 

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente

en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,

ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz

            de mujer muerta te escarbe la barriga

buscando una sortija nupcial y un juguete de niño

            degollado,

serán para ti nada sino una puerta oscura,

arrasada.

 

            En efecto:

            De infierno a infierno, qué hay? En el aullido

de tus legiones, en la santa leche

de las madres de España, en la leche y  los senos

            pisoteados

por los caminos, hay una aldea más, un silencio más,

            una puerta rota.

 

            Aquí estás. Triste párpado, estiércol

de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra

de traición que la sangre no borra. Quién, quién eres,

oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra,

oh mal nacida palidez de sombra.

 

            Retrocede la llama sin ceniza,

la sed salina del infierno, los círculos

del dolor palidecen.

 

Maldito, que sólo lo humano

te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas,

no te consumas, que no te pierdas

en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio

            ardiendo ni la feroz espuma.

 

            Solo, solo, para las lágrimas

todas reunidas, para una eternidad de manos muertas

y ojos podridos, solo en una cueva

de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre

por una eternidad maldita y sola.

            No mereces dormir

aunque sean clavados de alfileres los ojos: debes estar

despierto, general, despierto eternamente

entre la podredumbre de las recién paridas,

ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños

            descuartizados,

tiesos, están colgados, esperando en tu infierno

ese día de fiesta fría: tu llegada.

                                   Niños negros por la explotación,

trozos rojos de seso, corredores

de dulces intestinos, te esperan todos, todos, en la

            misma actitud

de atravesar la calle, de patear la pelota,

de tragar una fruta, de sonreír o nacer.

 

Sonreír. Hay sonrisas

ya demolidas por la sangre

que esperan con dispersos dientes exterminados

y máscaras de confusa materia, rostros huecos

de pólvora perpetua, y los fantasmas

sin nombre, los oscuros

escondidos, los que nunca salieron

de su cama de escombros. Todos te esperan

 

            para pasar la noche.

Llenan los corredores como algas corrompidas.

                                   Son nuestros, fueron nuestra

carne, nuestra salud, nuestra

paz de herrerías, nuestro océano

de aire y pulmones. A través de ellos

las secas tierras florecían. Ahora, más allá de la tierra,

hechos substancia

destruida, materia asesinada, harina muerta,

te esperan en tu infierno.

 

Como el agudo espanto o el dolor se consumen,

ni espanto ni dolor te aguardan. Solo y maldito seas,

solo y despierto seas entre todos los muertos,

y que la sangre caiga en ti como la lluvia,

y que un agonizante río de ojos cortados

te resbale y recorra mirándote sin término.

                                   España en el corazón (Tercera residencia)

 

 

 



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